Ciutat sota la pluja, límpida
HILARI DE CARA
I
ANEGAR LES PARAULES A POC A POC
com qui veu molt de temps l'horitzó
no és feina de manyà
Emperò si no vull el desori
cal que no aturi ni un no res
da-li qui da-li
per obrar un raig de silenci
on poder descansar una estona
II
MIRES L'ESTEPA BLANCA TOTA PLENA
de pètals morts
de taques lila
com si l'haguessis flitada
amb esprai
III
ESCREIX
Només cerc com desdir la migranya
que em creix sondal dins la memòria
de les coses més presents
més transparents més meves
o perdudes:
aquesta aroma d'ocells per les arrels de l'aire
l'enfiladissa claror a les tanyades tendres
de les mates
cada arítmia amenaçadora
com les sorpreses de ser temps
comptat
el rosegar frenètic del corcó
ancorat al bell centre de la carn
d'aquest paquet de carn
la cosa que no és cosa
descosa
(...)
VET AQUÍ UN TEXT SEU ENGRESCADOR! NOAM CHOMSKY I MALLORCA!
Un Nobel escribe de otro Nobel
LA BELLA DURMIENTE
J. M. COETZEE
(aparegut a EL PAÍS - Cultura - 02-04-2006)
La novela de Gabriel García Márquez El amor en los tiempos del cólera termina con Florentino Ariza, por fin reunido con la mujer a la que ha querido a distancia toda su vida, recorriendo arriba y abajo el río Magdalena en un barco de vapor en el que ondea la bandera amarilla del cólera. Los amantes tienen 76 y 72 años, respectivamente.
Para poder dedicar toda su atención a su amada Fermina, Florentino ha tenido que interrumpir la relación que tenía con una pupila suya de 14 años, a la que ha iniciado en los misterios del sexo durante varias tardes de domingo en su piso de soltero (ella demuestra ser una alumna aventajada). Rompe con ella mientras se toman un sundae en una heladería. Confusa y desesperada, la chica se suicida discretamente y se lleva su secreto a la tumba. Florentino derrama alguna lágrima en privado y, de vez en cuando, siente algo de pena por su muerte, pero eso es todo.
América Vicuña, la niña seducida y abandonada por un hombre mayor, es un personaje directamente sacado de Dostoievski. El marco moral de El amor en los tiempos del cólera, una obra de gran registro emocional pero, en definitiva, una comedia otoñal, no tiene la dimensión necesaria para abarcarla. Con su decisión de hacer de América un personaje secundario -una más de las numerosas amantes de Florentino- y dejar sin explorar qué consecuencias tienen para Florentino sus acciones, García Márquez se adentra en un territorio inquietante desde el punto de vista moral. Normalmente, su estilo verbal es ágil, enérgico e imaginativo, totalmente suyo; sin embargo, en las escenas entre Florentino y América, los domingos por la tarde advertimos ecos de la Lolita de Vladímir Nabokov: Florentino desviste a la joven prenda por prenda, con juegos infantiles: primero estos zapatitos para el osito..., luego estas braguitas de flores para el conejito, y un besito en el delicioso pajarito de su papá.
(...)