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valldalbaidi | enllaç permanent | dissabte, 17 de maig de 2008 | 00:42h
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La batalla del Ebro


E. CERDÁN TATO

EL PAÍS - 09-02-2008

Respuesta a Fraga


J. LUIS LÓPEZ DE GUEREÑU POLÁN - Pontevedra

EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008

 

Por una Iglesia de todos


CÉSAR ROMERO GARCÍA - Esplugues de Llobregat, Barcelona

EL PAÍS - Opinión - 06-03-2008

 

Rouco y el PSOE


JON GARCÍA - Bilbao

EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008

 


El cardenal Rouco y el laicismo

Al reivindicar un Estado laico no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública como dicen los integristas. Se trata de crear un marco donde quepan todas las creencias en igualdad de condiciones

JUAN JOSÉ TAMAYO

EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008






La batalla del Ebro


E. CERDÁN TATO

EL PAÍS - 09-02-2008

Hoy mismo, Majoy, general en jefe del ejército nacionaltrasvasista, hará pública la capitulación de sus posiciones fluviales, que con tanta temeridad como impericia ha defendido. Previamente, Majoy, en la intimidad, practicó la denostada memoria histórica y tuvo conciencia de su estrepitoso fracaso. Unas décadas antes, el sublevado general García Valiño, con otros altos jefes militares, había ganado la batalla del Ebro, que ahora él perdía ostensiblemente, para levantarle una patria ensangrentada, represiva y sumisa al nacionalcatolicismo. Majoy, acuciado por la adversidad, y, en secreto, abominó de algunos mandos de su estado mayor, que, en su enfrentamiento de míseros intereses, lo habían echado, como una piltrafa, a los pies de los caballos de su enemigo. Meditó, aunque tardíamente ya, acerca de sus consejeros más buñoleros que áulicos, Zapullo y Azebón, que con sus cuchilleos en spanglish le transmitían a todas horas las revelaciones del supremo Buhznar, hasta dejarlo hecho un pasmón. Pero lo que nunca esperó ni siquiera supuso el general Majoy fue la dureza con la que se acometieron las legiones populares mañas del coronel Alcaide y las unidades de voluntarios del pelotazo inmobiliario levantino, a las órdenes del gótico Champs. El coronel Alcaide, en un arrebato de celo, amenazó con entregarle el sable al general en jefe Majoy, si salía un solo hilo del Ebro, aunque fuera en los papeles, mientras el mariscal Champs y sus más fieles oficiales garantizaban a sus huestes que reivindicarían a toda costa sus aspiraciones hídricas: vosotros, tranquilos, que pronto veremos pasar las aguas del Ebro por las puertas de nuestros cuarteles. Pero Majoy, que se la juega y sabe por dónde van los tiros, no estaba dispuesto a tolerar más insubordinaciones y les cantó las cuarenta a los disidentes de los voluntarios levantinos, y Champs se envainó la espada y guardó el silencio de la derrota, después de tan ardientes y reiteradas promesas; qué fidelidad al poder la de este sacrificado mariscal. Entre tanto, el coronel campeón Alcaide dijo la mentira que se dice en estos casos: "Tú, ni vencedores, ni vencidos, ¿eh?" Hasta la palabra trasvase se suprimirá en el preámbulo de la capitulación, advirtió cautelosamente Majoy, y en su lugar emplearemos transferencia, que parece más templada. Majoy se rinde acosado por su enemigo y por la crisis interior, que socava sus fuerzas. Y para colmo, se lamentaba el general en jefe, me avisa confidencialmente el Vaticano de que el infierno no es un estado de ánimo, ni chorrada por el estilo, sino quemaduras de tercer grado para arriba, y que a ver qué ungüentos y pomadas me recetan, porque andando las cosas como andan, ya ni se sabe. Solo algún jefe tribal, como el Pimpoll, de las comarcas del sur, se ha echado al monte Benacantil y por allí va haciendo nada, que es lo mejor que sabe hacer. Pero Majoy es consciente de que esta batalla del Ebro la han ganado quienes también debieron ganar la otra. Y que su colega Pissarro no es un artista como su homónimo, sino un pintamonas estentóreo. Y a estas alturas, qué. Nota del autor: cualquier coincidencia no es coincidencia.

 

Respuesta a Fraga


J. LUIS LÓPEZ DE GUEREÑU POLÁN - Pontevedra

EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008

He oído decir al señor Fraga que le gustaría disponer del Libro Blanco de Zapatero para usarlo como papel higiénico. Este señor es un perfecto mal educado desde su más tierna juventud. Podría usar como papel higiénico una copia de la Ley de Prensa que hizo aprobar y que mantuvo a los periodistas con la espada de Damocles de ser apresados o represaliados durante años... o una copia del acuerdo del Consejo de Ministros por el que se confirmaba la sentencia a muerte de Julián Grimau (juzgado sin garantías jurídicas e inocente al fin); o una copia de tantos acuerdos por él tomados que vulneraban derechos fundamentales de los españoles. ¿O estos documentos no son lo suficientemente suaves para el culo del señor Fraga.

 

Por una Iglesia de todos


CÉSAR ROMERO GARCÍA - Esplugues de Llobregat, Barcelona

EL PAÍS - Opinión - 06-03-2008

No esperaba gran cosa de la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española, pero desde luego no me alegro de que monseñor Rouco Varela sea el elegido. Como católico, me hubiera gustado más la continuidad de una persona sensata y moderada como es monseñor Blázquez. Qué lejos quedan los tiempos del Concilio Vaticano II, del cardenal Tarancón o de la efervescencia de la teología de la liberación en América Latina.

Los prelados españoles han tomado por costumbre meterse en cosas en las que no debieran opinar, porque no todos los fieles comulgamos con su discurso ultraconservador. ¿Cómo es posible discriminar a un cristiano por su orientación sexual? ¿Cuánto tiempo más vamos a consentir que la mujer sea un mero apéndice del hombre en la Iglesia? ¿Qué sentido tiene el celibato sacerdotal en el siglo XXI? ¿Por qué la opinión de las bases es apenas tenida en cuenta por la jerarquía?

Espero que el próximo Gobierno sea firme en la defensa de los valores democráticos frente a las presiones vaticanas de inmiscuirse en las cosas de los hombres. Tampoco pienso financiar con mis impuestos a una organización que me maltrata y conculca constantemente mis derechos. No pretendo liderar una herejía, ni mucho menos. Pero Iglesia somos todos, y cada uno vive el evangelio como cree. No nos callemos. Es importante y necesario que los católicos que pensamos diferente a la jerarquía alcemos la voz. La Iglesia no es suya.

 

Rouco y el PSOE


JON GARCÍA - Bilbao

EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008

Parece que la Iglesia ya tiene claro que Zapatero va a ser el ganador de estas elecciones. Y para intentar paliar el daño que este hecho les supone, ha dispuesto al frente de la conferencia episcopal al cardenal Rouco Varela, uno de los personajes más conservadores, controvertidos e intransigentes de esta institución. La Iglesia barrunta la amenaza de otros cuatro años más de gobierno del PSOE, que ya ha advertido que si gana hará que se respire en España los mayores aires laicos que se han respirado jamás. Con Rouco, la Iglesia se garantiza un retroceso mínimo y una agitación máxima, de producirse alguna nueva ley que vaya en detrimento de sus intereses.

 

El cardenal Rouco y el laicismo

Al reivindicar un Estado laico no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública como dicen los integristas. Se trata de crear un marco donde quepan todas las creencias en igualdad de condiciones

JUAN JOSÉ TAMAYO

EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008

La elección del cardenal Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal Española va a dificultar todavía más el camino hacia el laicismo en nuestro país. Así lo demuestran su oposición numantina al Gobierno socialista, su alianza con el PP y su cruzada contra determinadas leyes adoptadas en la legislatura recién terminada, como la del matrimonio homosexual, la de Memoria Histórica, la de Educación para la Ciudadanía, el divorcio exprés o la LOE.

España no es, ciertamente, un Estado confesional, como lo fuera durante el nacionalcatolicismo. Pero tampoco es un Estado ateo que persiga a las religiones, o laicista que las recluya en los espacios de culto o en la esfera privada. Todo lo contrario, las manifestaciones públicas de la religión católica están a la orden del día: desde las declaraciones de obispos y otros colectivos cristianos hasta las procesiones, pasando por los actos religiosos celebrados en espacios públicos como la concentración por la familia cristiana en la plaza de Colón.

Tampoco es un Estado laico que haya logrado la total separación entre la Iglesia y el Estado y la autonomía de la política respecto a toda tutela religiosa. Quedan todavía importantes restos de confesionalidad en la vida pública y continúa el trato de favor de los distintos Gobiernos de la democracia hacia el catolicismo, incluido el actual, como reconocen los propios dirigentes socialistas.

Hace un par de meses, José Blanco afirmaba que el comportamiento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la Iglesia católica "ha sido exquisito", y que el acuerdo de financiación "ha sido cuestionado por buena parte de la sociedad y por muchos votantes del PSOE, y nada tiene que ver con el trato a la Iglesia católica en la Unión Europea". José Bono ha ido más lejos todavía al declarar que "no hay ningún país en el mundo que trate a la Iglesia católica mejor que España".

El ejemplo más palmario contra la laicidad del Estado ha sido el acuerdo estable e indefinido de financiación firmado por la Santa Sede y el Gobierno español, por el que se incrementó la asignación a la Iglesia católica a través de la recaudación del IRPF. ¡Sorprende la facilidad con que la Iglesia católica ha conseguido lo que, tras años de lucha, no han logrado las organizaciones no gubernamentales, que vienen reclamando en vano el 0,7% para proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo!

Este incremento contradice el propio acuerdo económico entre la Santa Sede y el Gobierno español de 1979, en el que "la Iglesia católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos necesarios para la atención de sus necesidades" (artículo 2.5). Con la fórmula actual vamos en dirección contraria a la autofinanciación. Además, el actual modelo de financiación incumple el principio de igualdad, reconocido en la Constitución, y es discriminatoria para con las otras confesiones religiosas, a las que los declarantes que lo deseen no pueden destinar el 0,7% en su declaración de la renta. Si el Acuerdo de 1979 era anticonstitucional, el incremento actual lo es por partida doble.

Otro ejemplo de trato favorable al catolicismo es la Ley Orgánica de Educación, que mantiene la oferta obligatoria de la religión en todos los colegios -públicos, concertados y privados-, y que en todos los niveles de la enseñanza escolar, desde la infantil hasta el bachillerato, considera la asignatura evaluable y mantiene la alternativa.

En una muestra más de injerencia clerical y de transgresión de las normas de acceso del profesorado a la docencia, los obispos siguen detentando el privilegio de nombrar y cesar a los profesores de religión, cuando es el Estado el que los contrata y paga.

La influencia de la Iglesia católica en el Parlamento se ha demostrado en la elaboración de la ley que regula la asignatura de Educación para la Ciudadanía que, según confesión del embajador de España en el Vaticano, Francisco Vázquez, fue negociada con la Santa Sede "para obtener una pax con Roma" (¡Ya sabemos lo que implicaba la pax romana!). Para ello hubo que eliminar del temario de la nueva asignatura los puntos que pudieran entrar en colisión con la doctrina y moral católicas, como el aborto o el matrimonio homosexual. A estas concesiones hay que sumar otra más preocupante todavía: la adaptación de la asignatura al ideario de los centros católicos para evitar el boicot con el que amenazaron los colegios confesionales.

Tampoco dice mucho a favor de la laicidad del Estado la reiterada presencia de representantes de las distintas instituciones públicas -estatales, autonómicas y municipales- en ceremonias religiosas de profundo significado simbólico, como procesiones, funerales católicos llamados "de Estado", elevación de obispos españoles al cardenalato, canonizaciones, beatificaciones, etcétera. Esa presencia choca con la no menos reiterada ausencia de autoridades políticas del mismo rango en actos de otras confesiones religiosas.

Me parece bien que el Gobierno y el PSOE respondieran "poniendo las cosas en su sitio" a las provocaciones de algunos obispos que en la concentración del 30 de diciembre cuestionaron el Estado de derecho. También que reaccionaran críticamente a la nota de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española emitida el pasado 30 de enero, que pedía implícitamente que no se votara al PSOE. Pero no es suficiente.

Hay que pasar de las palabras a los hechos y avanzar hacia la construcción del Estado laico, que no es contrario a ninguna religión o ideología, sino que respeta la libertad de conciencia y la libertad religiosa. El primer paso ha de ser, a mi juicio, la revisión de los Acuerdos con la Santa Sede y con las confesiones de notorio arraigo (islam, judaísmo, iglesias evangélicas), que hoy resultan a todas luces anacrónicos. Anacronismo que será más acusado cuanto más se tarde en revisarlos. Así se liberaría al Gobierno, a cualquier Gobierno, de la atadura de pies y manos a la que se ve sometido ahora en materia religiosa.

La revisión lleva derechamente a suprimir la financiación a la Iglesia católica y a no extenderla a otras religiones, y a sustituir la enseñanza confesional de la religión en la escuela por la enseñanza laica de la historia de las religiones, que contribuirá, sin duda, a superar el analfabetismo religioso, a eliminar el carácter confesional de la escuela, a fomentar el respeto y la actitud crítica hacia las religiones.

Es necesario, asimismo, elaborar una nueva Ley de Libertad de Conciencia y Libertad Religiosa, que sustituya a la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa, superada por los profundos cambios sociorreligiosos producidos en la sociedad española en los últimos treinta años, entre los que cabe citar: la secularización de la sociedad española, el avance de las distintas manifestaciones de la increencia, el crecimiento numérico de otras religiones distintas de la católica, la implantación de nuevos movimientos religiosos, etcétera.

A estas dos medidas habría que sumar una tercera: la elaboración de un estatuto de laicidad en todos los ámbitos de la función pública, nacional, autonómico y municipal, que evitaría la confusión entre religión y política actualmente reinante cuando las autoridades políticas en cuanto tales participan -e incluso presiden- ceremonias religiosas.

Con estas propuestas no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública, sino hacer realidad el Estado laico, marco político donde caben las diferentes creencias y no creencias en igualdad de condiciones. Todavía es posible corregir el camino y enfilar la senda del laicismo. Para ello hacen falta voluntad política, apoyo de la ciudadanía y colaboración de las propias religiones.




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