La batalla del Ebro
E. CERDÁN TATO
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EL
PAÍS - 09-02-2008
Respuesta a Fraga
J. LUIS LÓPEZ DE GUEREÑU
POLÁN - Pontevedra
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EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008
Por una Iglesia de todos
CÉSAR ROMERO GARCÍA
- Esplugues de Llobregat, Barcelona
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EL PAÍS - Opinión - 06-03-2008
Rouco y el PSOE
JON GARCÍA -
Bilbao
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EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008
El cardenal Rouco y el laicismo
Al reivindicar un Estado laico no se pretende eliminar a las religiones de la
vida pública como dicen los integristas. Se trata de crear un marco donde
quepan todas las creencias en igualdad de condiciones
JUAN JOSÉ TAMAYO
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EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008
La batalla del Ebro
E. CERDÁN TATO
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EL
PAÍS - 09-02-2008
Hoy mismo, Majoy, general en jefe del ejército nacionaltrasvasista, hará pública la capitulación de sus posiciones fluviales, que con tanta temeridad como impericia ha defendido. Previamente, Majoy, en la intimidad, practicó la denostada memoria histórica y tuvo conciencia de su estrepitoso fracaso. Unas décadas antes, el sublevado general García Valiño, con otros altos jefes militares, había ganado la batalla del Ebro, que ahora él perdía ostensiblemente, para levantarle una patria ensangrentada, represiva y sumisa al nacionalcatolicismo. Majoy, acuciado por la adversidad, y, en secreto, abominó de algunos mandos de su estado mayor, que, en su enfrentamiento de míseros intereses, lo habían echado, como una piltrafa, a los pies de los caballos de su enemigo. Meditó, aunque tardíamente ya, acerca de sus consejeros más buñoleros que áulicos, Zapullo y Azebón, que con sus cuchilleos en spanglish le transmitían a todas horas las revelaciones del supremo Buhznar, hasta dejarlo hecho un pasmón. Pero lo que nunca esperó ni siquiera supuso el general Majoy fue la dureza con la que se acometieron las legiones populares mañas del coronel Alcaide y las unidades de voluntarios del pelotazo inmobiliario levantino, a las órdenes del gótico Champs. El coronel Alcaide, en un arrebato de celo, amenazó con entregarle el sable al general en jefe Majoy, si salía un solo hilo del Ebro, aunque fuera en los papeles, mientras el mariscal Champs y sus más fieles oficiales garantizaban a sus huestes que reivindicarían a toda costa sus aspiraciones hídricas: vosotros, tranquilos, que pronto veremos pasar las aguas del Ebro por las puertas de nuestros cuarteles. Pero Majoy, que se la juega y sabe por dónde van los tiros, no estaba dispuesto a tolerar más insubordinaciones y les cantó las cuarenta a los disidentes de los voluntarios levantinos, y Champs se envainó la espada y guardó el silencio de la derrota, después de tan ardientes y reiteradas promesas; qué fidelidad al poder la de este sacrificado mariscal. Entre tanto, el coronel campeón Alcaide dijo la mentira que se dice en estos casos: "Tú, ni vencedores, ni vencidos, ¿eh?" Hasta la palabra trasvase se suprimirá en el preámbulo de la capitulación, advirtió cautelosamente Majoy, y en su lugar emplearemos transferencia, que parece más templada. Majoy se rinde acosado por su enemigo y por la crisis interior, que socava sus fuerzas. Y para colmo, se lamentaba el general en jefe, me avisa confidencialmente el Vaticano de que el infierno no es un estado de ánimo, ni chorrada por el estilo, sino quemaduras de tercer grado para arriba, y que a ver qué ungüentos y pomadas me recetan, porque andando las cosas como andan, ya ni se sabe. Solo algún jefe tribal, como el Pimpoll, de las comarcas del sur, se ha echado al monte Benacantil y por allí va haciendo nada, que es lo mejor que sabe hacer. Pero Majoy es consciente de que esta batalla del Ebro la han ganado quienes también debieron ganar la otra. Y que su colega Pissarro no es un artista como su homónimo, sino un pintamonas estentóreo. Y a estas alturas, qué. Nota del autor: cualquier coincidencia no es coincidencia.
Respuesta a Fraga
J. LUIS LÓPEZ DE GUEREÑU
POLÁN - Pontevedra
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EL
PAÍS - Opinión - 07-03-2008
He
oído decir al señor Fraga que le gustaría disponer del Libro Blanco de Zapatero
para usarlo como papel higiénico. Este señor es un perfecto mal educado desde
su más tierna juventud. Podría usar como papel higiénico una copia de
Por una Iglesia de todos
CÉSAR ROMERO GARCÍA
- Esplugues de Llobregat, Barcelona
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EL
PAÍS - Opinión - 06-03-2008
No
esperaba gran cosa de la elección del nuevo presidente de
Los prelados españoles han tomado por costumbre
meterse en cosas en las que no debieran opinar, porque no todos los fieles
comulgamos con su discurso ultraconservador. ¿Cómo es posible discriminar a un
cristiano por su orientación sexual? ¿Cuánto tiempo más vamos a consentir que
la mujer sea un mero apéndice del hombre en
Rouco y el PSOE
JON GARCÍA -
Bilbao
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EL
PAÍS - Opinión - 07-03-2008
Parece
que
El cardenal Rouco y el laicismo
Al reivindicar un Estado laico no se pretende eliminar a las religiones de la
vida pública como dicen los integristas. Se trata de crear un marco donde
quepan todas las creencias en igualdad de condiciones
JUAN JOSÉ TAMAYO
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EL PAÍS - Opinión - 07-03-2008
La
elección del cardenal Rouco Varela como presidente de
España no es, ciertamente, un Estado confesional, como lo fuera durante el nacionalcatolicismo. Pero tampoco es un Estado ateo que persiga a las religiones, o laicista que las recluya en los espacios de culto o en la esfera privada. Todo lo contrario, las manifestaciones públicas de la religión católica están a la orden del día: desde las declaraciones de obispos y otros colectivos cristianos hasta las procesiones, pasando por los actos religiosos celebrados en espacios públicos como la concentración por la familia cristiana en la plaza de Colón.
Tampoco es un Estado laico que haya logrado la
total separación entre
Hace un par de meses, José Blanco afirmaba que el
comportamiento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con
El ejemplo más palmario contra la laicidad del
Estado ha sido el acuerdo estable e indefinido de financiación firmado por
Este incremento contradice el propio acuerdo
económico entre
Otro ejemplo de trato favorable al catolicismo es
En una muestra más de injerencia clerical y de transgresión de las normas de acceso del profesorado a la docencia, los obispos siguen detentando el privilegio de nombrar y cesar a los profesores de religión, cuando es el Estado el que los contrata y paga.
La influencia de
Tampoco dice mucho a favor de la laicidad del Estado la reiterada presencia de representantes de las distintas instituciones públicas -estatales, autonómicas y municipales- en ceremonias religiosas de profundo significado simbólico, como procesiones, funerales católicos llamados "de Estado", elevación de obispos españoles al cardenalato, canonizaciones, beatificaciones, etcétera. Esa presencia choca con la no menos reiterada ausencia de autoridades políticas del mismo rango en actos de otras confesiones religiosas.
Me parece bien que el Gobierno y el PSOE
respondieran "poniendo las cosas en su sitio" a las provocaciones de
algunos obispos que en la concentración del 30 de diciembre cuestionaron el
Estado de derecho. También que reaccionaran críticamente a la nota de
Hay que pasar de las palabras a los hechos y avanzar
hacia la construcción del Estado laico, que no es contrario a ninguna religión
o ideología, sino que respeta la libertad de conciencia y la libertad
religiosa. El primer paso ha de ser, a mi juicio, la revisión de los Acuerdos
con
La revisión lleva derechamente a suprimir la
financiación a
Es necesario, asimismo, elaborar una nueva Ley de Libertad de Conciencia y Libertad Religiosa, que sustituya a la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa, superada por los profundos cambios sociorreligiosos producidos en la sociedad española en los últimos treinta años, entre los que cabe citar: la secularización de la sociedad española, el avance de las distintas manifestaciones de la increencia, el crecimiento numérico de otras religiones distintas de la católica, la implantación de nuevos movimientos religiosos, etcétera.
A estas dos medidas habría que sumar una tercera: la elaboración de un estatuto de laicidad en todos los ámbitos de la función pública, nacional, autonómico y municipal, que evitaría la confusión entre religión y política actualmente reinante cuando las autoridades políticas en cuanto tales participan -e incluso presiden- ceremonias religiosas.
Con estas propuestas no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública, sino hacer realidad el Estado laico, marco político donde caben las diferentes creencias y no creencias en igualdad de condiciones. Todavía es posible corregir el camino y enfilar la senda del laicismo. Para ello hacen falta voluntad política, apoyo de la ciudadanía y colaboración de las propias religiones.





