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valldalbaidi | POLÍTICA | dilluns, 22 de setembre de 2008 | 20:02h
Fa uns dies feia referència a la pobresa al PV. I ahir el Liante tornà a dedicar dues pàgines a aquesta realitat. Vull sols destacar unes dades:
  •  567€ és la xifra que marca el llindar de pobresa al PV, és a dir 6.810€ l'any.
  • Càritas ha atés unes 38.000 persones durant l'any passat.
  • Aturats de la construcció, mares solteres i persones grans soles formen el perfil principal de l'exclusió.
La conselleria d'Educació que "duu" el forense Alejandro Font de Mora aixecarà acta als instituts que es negaren a impartir Educació per a la ciutadania en anglés. No cal comentaris.

I us vull recomanar la lectura de tres articles:
  • Jesús Navarro, ¿Dónde está el cielo republicano? (LEVANTE-EMV)
  • Josep Torrent, Más circo que pan (EL PAÍS)
  • J.J. Pérez Benlloch, Pedagogía belicosa (EL PAÍS)
Els trobareu a continuació. Bona vesprada.


JESÚS NAVARRO ALBEROLA, ¿DÓNDE ESTÁ EL CIELO REPUBLICANO? (LEVANTE-EMV)

A Rafael Pérez Cantó lo fusilaron en el cementerio de Alicante el 3 de octubre de 1940. Tenía 24 años, cultivados de amor hacia sus padres, amigos por todo el pueblo y siendo un trabajador ejemplar. Su acta de defunción no dice mucho: solamente que murió por orden del Juzgado Militar nº 1. Sin un cómo ni un porqué. Su madre se enteró de la muerte de su único hijo cuando al día siguiente fue a llevarle, como todas las semanas de un año de calvario y terror, comida y consuelo. Lo reconoció por uno de los jerséis de lana que con tanto amor le había hecho sin pensar que iba a ser su mortaja. Diez años después, Aurora, aquella madre, pudo enterrarlo en el cementerio de Novelda. Diez años suplicando el traslado de una fosa común, diez años después otra vez el jersey; gracias a él sabía que ese esqueleto era su hijo, su amado y único hijo Rafael.
Manuel Valero Alberola corrió la misma suerte. El 2 de enero de 1938, bajo una fuerte nevada, Manolito, gran deportista y aficionado a la fotografía, se encontraba en el frente de Teruel y fue malherido en una pierna. Operado, con la pierna amputada, aún mantenía fuerzas para regresar a casa con los suyos. Las emocionantes cartas que escribió en el frente así lo atestiguan. Pero el día 14 de ese mismo mes, la aviación nacional bombardeó un tren sanitario en la estación de Rubielos de Mora y allí murió Manuel. Terminada la guerra, Encarnación, su madre, comprueba desesperada, día tras día, que su hijo no se encuentra entre los jóvenes que van regresando al pueblo. Al no saber leer, una vecina la ayuda a buscar, en vano, el nombre de su hijo en las listas oficiales. Finalmente, en 1941, llegó la baja de defunción al Ayuntamiento, pero la familia todavía desconoce dónde fue enterrado.
Sus historias, junto a la de otros dos chicos noveldenses, pudieron leerse en la revista de fiestas "Betania" del año 2006 (www.betania2006.com). Esas madres, Aurora y Encarnación, y sus hijos desaparecidos, simbolizan las decenas de miles de madres de la Guerra Civil que sufrieron el dolor de perder a sus hijos en una guerra fraticida. Su angustia no conoce de pueblos, lugares o fronteras, y ha de ser reconocida de una vez, honrada, aceptada y respetada. La humillación que tuvieron que sufrir durante esos años es muy difícil expresarla con palabras.
Aquellas madres, religiosas y creyentes, iban a misa a diario para comprobar, desalentadas, que en la cruz de la fachada de la iglesia no aparecía, entre los nombres de los caídos por España, el de sus hijos. La mayoría de esas mujeres vivieron con la pena de no saber dónde se encontraban los cuerpos de sus hijos, de sus hermanos o de sus padres y, lo que es peor, vivían con la indiferencia, el olvido y el desprecio de la mayoría de sus paisanos. El bando republicano merece ese reconocimiento. Es la deuda histórica que tiene este país con aquellos que también murieron por España, pero no por la España que ganó, sino por la que estuvo perdiendo durante cuarenta años. Esos cuarenta años sirvieron, entre otras cosas, de reconocimiento y homenaje para el bando nacional, homenajes merecidos, ya que los crímenes fueron igual de brutales. Años más tarde, durante la Transición, se decidió no tocar el tema, quizá por el miedo de todos a que volviera la guerra. Más años de paciencia, de olvido, de silencio. Por ello, ahora es el momento de rendirle cuentas al pasado, cerrar la herida y como las historias de Rafael y Manolito, ponerles nombres y apellidos a los restos que aún siguen en las cunetas, que todavía esperan, en las fosas comunes de los cementerios, una familia que los entierre dignamente. Esa es la manera, como dice Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea, de "reparar una injusticia histórica".
El Partido Popular, que inicia ahora con un valiente Mariano Rajoy a la cabeza un nuevo camino rompiendo las ataduras con un PP más anclado en el pasado, tiene la oportunidad inmejorable de demostrar con hechos que ya no tiene nada que ver con la derecha española de la Dictadura, de demostrar que es un partido liberal, de centro conservador, pero sin querer conservar en el olvido lo que pasó en aquellos desgraciados años. Nadie quiere reabrir heridas, nadie desea desenterrar el hacha de guerra.
Y si en algún momento la iniciativa del juez Garzón derivara a esto, sería un grave error y una gran equivocación. Lo único que pretenden las familias de los desaparecidos y muertos del bando republicano es poder quitarse el luto eterno de sus corazones, poder recibir el consuelo que nunca tuvieron. Tener, por fin, pena de duelo y no la tristeza amarga del abandono y del olvido.
Hoy en día, la cruz con los caídos por Dios y por España perdura en algunas iglesias como triste señal de lo que nunca tuvo que ocurrir. En Novelda la quitaron de la parroquia en los años 80. Sin embargo, no es suficiente para una reconciliación verdadera, ya que el olvido, el pasar página, como dice Paul Preston, no es la reconciliación. Hace falta un homenaje a todas las víctimas de nuestra Guerra Civil, a todas, sin distinciones, ni bandos, ni excusas. Sin debates huecos ni nuevas venganzas. Sólo así conseguiremos que en nuestro país muera el rencor y el triste invento de las "dos Españas".
No hubo dos Españas. Únicamente había una, disparándose a sí misma balas cargadas de vacío. Por su parte, la Iglesia católica española debe también hacer un ejercicio de autocrítica para no perder el tren del futuro. Es verdad que, dentro de toda esa barbarie atroz que supuso la guerra, se quemaron iglesias y se asesinaron sacerdotes y párrocos, pero eso no justifica de ningún modo lo que ocurrió después: obispos que, tras dar la bendición, se quedaban con la palma hacia abajo, brazo derecho en alto, bajo un palio de camisas azules, águilas, cabezas engominadas y el brillo metálico de las pistolas, todos con el orgullo indeleble de quien sabe que no había llegado la paz, sino la victoria. Y entre aquellos feligreses, Aurora y Encarnación, las madres de Rafael y Manolito, y las miles y miles de madres en toda España que no podían hablar, que no podían confesar su dolor, que murieron con esa desgarradora tristeza en la garganta que les impedía gritar, que se ahogaban en las lágrimas que destilaba sin parar su enorme soledad.
La Iglesia debe reconocerlo con valentía, entregando toda la información que disponga y admitiendo sus errores, para que al fin, aunque hayan transcurrido más de setenta años, aquellas madres que perdieron sus hijos en una guerra absurda sepan, desde su cielo provisional, dónde está el cielo republicano.

Jesús Navarro Alberola es empresario.

Más circo que pan


JOSEP TORRENT
EL PAÍS - 21-09-2008

El pasado martes el presidente de la Generalitat anunciaba la licitación de tres nuevos hospitales en Ontinyent, Vall d'Uixó y Torrent en menos de tres meses y, con gesto de anunciar una noticia de gran importancia, dijo: "El 40% de los presupuestos del año próximo se destinarán a Sanidad". Cualquiera diría que un porcentaje así evidencia la preocupación del gobierno valenciano por la salud pública y el esfuerzo que sus responsables hacen por el gasto social en tiempos de crisis. Pero si se compara con las cuentas actuales, se comprobará cuán relativa es la noticia. Este año, la Consejería de Sanidad consume el 39,4% del total de las cuentas generales de la Generalitat. Conclusión: Si se tiene en cuenta el incremento del IPC, la inversión en la sanidad valenciana, en porcentajes reales, disminuirá varios puntos. Tal vez el presidente disimuló con esa retórica expansiva que tanto gusta de utilizar un hecho en consonancia con los tiempos que corren: Los próximos presupuestos serán austeros, muy austeros. Si todo el mundo se aprieta el cinturón, la administración más endeudada de España no puede quedarse atrás.

Claro que también es posible que el presidente, lejos de querer anticipar la austeridad que parece exigible y que, por cierto, para nada se ha visto en la reciente remodelación del Consell, creyera firmemente que su anuncio era una gran noticia. No sería nada de extrañar. El desahogo con que se muestra Francisco Camps desde que arrasara en las últimas elecciones autonómicas demuestra no sólo que hace lo que cree, sino que cree lo que dice. Y no es buen síntoma, por sorprendente que parezca, que un político se crea a pie juntillas que todo lo que dice sea verdad. Porque se puede pensar que mantener una inversión del 40% en sanidad es un gran logro y, al tiempo, negar que la pobreza o el fracaso escolar sean una realidad lacerante en esta Comunidad Valenciana donde, si hay que hacer caso al triunfalismo oficial, los valencianos no atamos los perros con longanizas porque no nos da la real gana. El pasado viernes se celebró con gran éxito de público y crítica, como diría un gacetillero de antaño, la ceremonia inaugural de la Volvo Ocean Race. Y una de las asistentes, orgullosa, comentó: "Mis impuestos los veo muy bien empleados". Los políticos, de haberla oído, habrían llorado de emoción. Por fin, alguien que les reconoce el esfuerzo y la buena gestión. La vecina de Alicante en cuestión lleva razón. La Volvo servirá para darle un buen repaso a la ciudad, supondrá unos ingresos nada desdeñables y creará puestos de trabajo. Nuestras autoridades autonómicas han sido muy precisas a la hora de ofrecer los datos del evento: 70 millones de euros de inversión pública, 1.500 empleos y 1.800 millones de espectadores seguirán un aprueba que, en opinión de sus inventores, representa "el último desafío humano". El espectáculo, pues, ha comenzado y la empresa puede felicitarse: Es rentable. No en términos económicos, que es cosa miserable medir estas apuestas que harán por unos días de Alicante el ombligo del universo en vil metal, pero si en esos intangibles tan gratos a nuestro gobierno. El circo nos entretiene y nos distrae de esa pesadilla que es la hipoteca, el colegio de los niños, la letra del coche o la carestía de la vida. Todas esas desgracias que, como es bien sabido, nos abruman gracias a o por culpa de un tal Rodríguez Zapatero que, cómo va a gestionar bien la crisis, si ni tan siquiera la reconoce. Tenemos circo. ¿Pero tenemos pan? Decididamente, no. En esta tierra de la luz y del color hay 840.000 almas, el 16,8% de la población, que viven por debajo del umbral de pobreza. Se supone, claro. Porque ese Consell tan puntilloso, tan preciso, a la hora de ofrecer cifras sobre la Volvo, la Copa del América, la visita del Papa (no pregunten lo que costó, no sean mediocres, ni miserables) todavía no ha tenido bien hacer un estudio serio y riguroso sobre la realidad social valenciana. Y si lo ha hecho lo guarda bajo siete llaves, no sea cosa que se le rompa el espejo. Y la Ley de Renta Mínima que debería echar una mano a tanto pobre es un hermoso papel que no se cumple porque no hay dinero. Y no lo habrá en el futuro. Entiendo que el consejero de Bienestar Social, Juan Cotino, no sea la persona más feliz de un Consell rebosante de autosatisfacción. El presidente Camps responsabiliza al Gobierno de España de todos los males, quiere una nueva financiación que contemple el incremento poblacional. Nadie le puede discutir tan justa reivindicación. Hasta los socialistas, que por no estar para nadie, no están ni para ellos mismos, le apoyan. Aunque en su gobierno hay quien suspira más por una bajada de medio punto de los tipos de interés que por el nuevo sistema de financiación. Cosas de la ingeniería financiera y de los créditos que habrá que empezar a devolver algún día. Veremos en qué quedan los presupuestos y qué porcentaje se lleva el área de Sanidad; pero los profesionales del ramo no deberían hacerse demasiadas ilusiones. La pólvora de rey que se han gastado en la adjudicación del concurso de resonancias magnéticas no tiene nada que ver con ellos, más bien con otras cosas.

Pedagogía belicosa


J. J. PÉREZ BENLLOCH
EL PAÍS - 21-09-2008

Tan solo con una buena dosis de cinismo o de ofuscación partidaria puede negarse el esperpento que ha supuesto la ocurrencia de impartir en inglés y en el ámbito docente valenciano la asignatura denominada Educación para la Ciudadanía o Education for Citizenship and Human Rights, como acaso prefiere que así sea descrita el consejero del ramo, Alejandro Font de Mora, padrino de la novedad lingüística. Una novedad, dígase también, que no hubiera prosperado sin el nihil obstat o complicidad del presidente de la Generalitat, Francesc Camps, quien justamente ha de compartir el mérito de la extravagancia.

Estos días, y a propósito de la apertura de curso, ha podido verificarse hasta qué punto, tal como anunciaban sindicatos del ámbito docente y asociaciones de padres, carecía de fundamento, medios y de planificación esta trapisonda que los centros de enseñanza han ido capeando como han podido -soslayando a menudo las contradictorias y chuscas instrucciones de la Consejería de Educación- con el fin de salvar la dignidad de los profesores abocados a ejercer a dúo para que uno aleccionase en castellano o valenciano y el otro, reputado de "vehiculador" -¡toma castaña!-, lo repitiese en inglés a un alumnado ignaro de la lengua de Shakespeare, pero sin duda amenizado por este show ventrílocuo, tan inútil. Algunos cronistas de estas jornadas inaugurales han reflejado con pelos y señales la patética comicidad de estos episodios insólitos. Es evidente, o así hemos de creerlo, que el citado consejero y el Consell que lo secunda no alientan ninguna animadversión acerca de la comunidad docente y discente del país, pero lo cierto es que esta pedagogía que han fletado es de una hostilidad manifiesta para con un amplio sector del profesorado y alumnado, como revelan las resistencias suscitadas y la misma necesidad de movilizar al cuerpo de inspección para que siente la mano al profesorado reticente que en no pocos casos, aún queriendo cumplir la norma, le resulta imposible porque no domina suficientemente el inglés, o no cuenta con el "ventrílocuo" que destraduzca su lección. Eso, por no mentar a quienes tienen de su profesión un concepto que les impide degradarla en una escena bufa cual la diseñada para el caso. Aún a riesgo de insistir en un lugar común nos parece oportuno subrayar algunos aspectos definitorios de esta maniobra absurda que ha tomado a un sector de la comunidad docente como rehén. El primero de ellos constata que no responde a ninguna demanda social -como diría un émulo del pasmado Mariano Rajoy-, ni puede camuflarse bajo el pretexto de que se promueve el trilingüismo, lo que queda desmentido por un procedimiento que tiene más connotaciones con el trágala autocrático que con la pedagogía. El segundo, que sí responde, en cambio, a los propósitos del sector más atávico del PP -en realidad, de todo el PP indígena, pues no se ha oído una solo voz discrepante- y de la feligresía católica que se arremolina en torno al episcopado más belicoso que hemos padecido desde que saludaba brazo en alto a Franco bajo palio. Y lo peor del caso es que nuestro molt honorable y su consejero áulico apuntan la intención de proyectar la fórmula docente que glosamos a otras asignaturas, lo que delata su índice de sensibilidad democrática cifrada en los lemas si no quieres una taza toma dos, mantenerla y no enmendarla o de perdidos al río. Acaso piensen que estas hazañas pedagógicas pueden inscribirse entre los grandes eventos que cunden por estos pagos.
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