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valldalbaidi | POLÍTICA | dimarts, 23 de setembre de 2008 | 19:19h
La crisi... la paguem, com sempre, els de sempre. Llegia una carta al director ahir que expressa molt bé el que passa quan hi ha crisi. I si no, contesteu a la pregunta que es feia l'autor del text: per què no socialitzen també els guanys en èpoques de vaques grosses? La carta, si la voleu llegir, la teniu a continuació més avall.

I també trobe que cada vegada som més els que ens estem plantejant de no exercir més el dret a vot. Per què? Perquè, una vegada tenen el vot, se n'obliden fins que passen quatre anys.  I si no, llegiu la carta al director que escrivia ahir Aurelio López González, de Barcelona. I és que, a pesar que la democràcia és un bon sistema polític, cada dia augmenta la llista de greuges comparatius amb els ciutadans normals i corrents.

Ahir també a l'edició valenciana d'EL PAÍS trobàvem un article de Neus Caballer, PARA QUÉ ESTUDIAR. Los jóvenes desmotivados abandonan los estudios para "trabajar y ganar más". Ací el teniu.

I també us deixe l'article de Paco Mariscal, Sombras otoñales (EL PAÍS)

Crisis y economía de mercado


LLUÍS ESQUENA ROMAGUERA  -  Torroella de Montgrí, Girona
EL PAÍS  -  Opinión - 22-09-2008

Leo en los medios que muchas grandes empresas constructoras, financieras, de seguros, etcétera, piden ayuda  a los Gobiernos para hacer frente a la crisis que les afecta.

Aunque soy un simple jubilado sin conocimientos especiales de economía, me parece que hay aspectos de esta cuestión que atentan contra el sentido común. Resulta que como estamos en una economía de mercado, cuando las cosas les van bien a las grandes empresas y consiguen sustanciosos beneficios, de ello sólo se benefician los propietarios o los accionistas de las mismas. Pero si las cosas les van muy mal, porque hay crisis como sucede actualmente, entonces hay que recurrir al Estado para socializar las pérdidas, puesto que se recurre al dinero que todos hemos aportado con los impuestos. Y, por supuesto, el Estado sólo acude en su ayuda si se trata de grandes empresas, pero no si se trata de pequeños empresarios, agricultores o trabajadores autónomos, aunque sean miles los afectados por la crisis. Y pregunto yo, ¿por qué no socializan también las ganancias en épocas de vacas gordas.


Yo me bajo


AURELIO LÓPEZ GONZÁLEZ  -  Barcelona
EL PAÍS  -  Opinión - 22-09-2008

Tengo más que suficiente. Nací con la Monarquía. Sucesivamente fui republicano, entré en guerra, la perdí, y todo en 11 años. Continué como perdedor tolerado hasta el advenimiento de la democracia con su Constitución y todo, habiéndome, en el ínterin, licenciado en Derecho y algunas cositas más, incluso trabajando, porque 40 años dan para mucho. Realizada la asombrosa y admirada transición democrática, se me permitió dejar de hablar en voz baja, escribir sin censura, incluso en los periódicos, y votar a alguno de los partidos políticos nacidos o renacidos. Hasta se ha conseguido, hace dos o tres días, superando la invencible alergia a la dimisión de sus miembros, hoy en funciones, renovar a los miembros del Consejo del Poder Judicial. Que les aproveche. Yo me bajo. A partir de ahora irá a votar mi tía, por cierto inexistente.

Sombras otoñales




PACO MARISCAL


EL PAÍS - 22-09-2008

Llega septiembre y la oscuridad precipita la noche acortando el día. Aquí, los cambios meteorológicos están relacionados con la posición respecto al Sol de esta bola chata y globalizada donde nacimos. Nos lo explicaban los viejos, y mal pagados, maestros entonces llamados nacionales sin demasiados libros de texto y con mucha imaginación: acercábamos y distanciábamos la yema del dedo índice del lado y de la parte superior de la llama de un fósforo, y aquellos pelados con alpargatas, hasta el más durillo de mollera, acababa comprendiendo que en verano, aunque más lejos del Sol, hacía más calor y los días eran más largos porque los rayos del astro rey nos caían perpendiculares.

A la vera del Mediterráneo, los colores otoñales no son tan perceptibles como en el interior: el clima marítimo favorece el verde plata permanente de olivos y carrascas, y el oscuro de los naranjos. Las sombras sí se perciben puntuales estos días como la vuelta a la escuela o la reanudación de la actividad pública. Otras sombras y oscuridades nada climáticas del País Valenciano siguen ahí; no se deciden abandonarnos en ninguna de las cuatro estaciones. Una de ella es la sombra que se prolonga desde hace varias décadas sobre el sistema educativo: la decadencia de lo público y el auge de lo privado; reformas y contrarreformas llenas de improvisaciones y bellas palabras que halagan los oídos y que se ven desmentidas por la realidad; copia de modelos escolares foráneos que tampoco funcionaron bien en los países donde aparecieron o se implantaron -echen una mirada al sistema o sistemas educativos públicos y privados de los Estados Unidos o de Escocia; compárese la teoría y la realidad de la llamada comprehensive school y su relación con la Logse, o la polémica esporádica que se suscita en Alemania cada vez que alguien habla de implantar una Gesamtschule que es lo más parecido a lo que tenemos aquí-. Pero ahí está la sombra y cada septiembre decae un poco la escuela pública y aumenta un poco la matrícula de escolares en la privada. No todo es achacable a los barracones o aulas prefabricadas; o a la implantación sin consenso y sin demasiado tino de nuevas asignaturas -que jamás serán como las matemáticas porque no puede serlo- como la Educación para la Ciudadanía; o el menos tino y el menos consenso por estos pagos valencianos que hay para impartirla en inglés o en urdu. Parece como si hados fatídicos se cebaran en la cuestión escolar, aunque si se reflexiona todo tiene una explicación o una autocrítica posible entre los reformadores y contra reformadores, progresistas o conservadores. Pero ahí sigue la sombra un poco más perceptible cada septiembre cuando apunta el otoño para desazón de maestros y desorientación de escolares. Y hay sombras silenciosas este otoño que pasan como inadvertidas como la que representa la pacífica lucha por el liderazgo en el principal partido de la oposición valenciano -tan falto de un auténtico liderazgo y de ideas claras para alcanzar el gobierno autonómico y que no se eternice en el mismo la derecha-. Y las hay desagradables como la arrogancia política y diaria del provincial presidente de la no menos provincial Diputación del norte valenciano: el tabernario insulto al alcalde de Benicàssim es el enésimo episodio. Entre tanta sombra perenne y molesta, cabe sólo quedarse con la otoñal, la que prolonga la cima del cerro y se contempla mientras buscamos setas.



 


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