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valldalbaidi | ARTICLES | dimecres, 15 d'octubre de 2008 | 19:27h


MINIMÀLIA duu aquesta cita:

Política: curses de cavalls de Troia.

Stanislaw Jerzy Lec, escriptor polonès (1909-1966)


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Viquipèdia: política
http://ca.wikipedia.org/wiki/Pol%C3%ADtica

Viquipèdia: cavall de Troia
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Joan Garí: «Vindicació de Stanislaw Jerzy Lec»
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La perseverancia de los desaparecidos

Los debates políticos muchas veces terminan enconándose y de nada sirven los argumentos racionales. Es entonces cuando acaso sirvan las historias, como ésta, que trata de un maestro de escuela de la República

JULIO
LLAMAZARES

 

EL PAÍS  -  Opinión - 26-09-2008


El Congreso y la crisis


XAVIER OGAYA RIBÓ  -  Barcelona

 

EL PAÍS  -  Opinión - 26-09-2008


Educación para la Ciudadanía


RAFAEL
MARTÍ FERRANDO  -  Altea, Alicante

 

EL PAÍS  -  Opinión - 25-09-2008


RELIGIÓN
Los amores del cardenal Newman

Activistas gays blanden una carta del famoso prelado inglés sobre un "amado" compañero para frenar su exhumación y beatificación

JUAN G. BEDOYA

 

ELPAIS.com  -  Sociedad - 20-09-2008


Un lugar en el mundo


ROSA SOLBES

 

EL PAÍS - 26-09-2008



La perseverancia de los desaparecidos

Los debates políticos muchas veces terminan enconándose y de nada sirven los argumentos racionales. Es entonces cuando acaso sirvan las historias, como ésta, que trata de un maestro de escuela de la República

JULIO
LLAMAZARES

 

EL PAÍS  -  Opinión - 26-09-2008

Guardo en mi casa de vacaciones -la vieja casa de mi familia- el retrato de un hombre al que no conocí, pero cuya presencia me ha acompañado siempre, al igual que a mis padres y a mis abuelos. Se trata del retrato de un tío mío, maestro de la República, que desapareció en la guerra y al que, mientras vivieron, sus padres y sus hermanos buscaron inútilmente. Tal vez por eso su foto permaneció siempre en el comedor presidiendo las comidas y reuniones familiares y por eso yo la conservo, no en el mismo lugar, pero sí en otro preeminente, después de reformar la casa hace algunos años.

La perseverancia de los desaparecidos (tomo la frase de un título del poeta Miguel Suárez que publicó Hiperión) se muestra en esos detalles, pero también en su resistencia a desaparecer del todo, como sucede con las estrellas, que siguen dando luz después de muertas, incluso cuando llevan millones de años apagadas. Y es que los desaparecidos se convierten en fantasmas que continúan viviendo junto a nosotros, por más que no los veamos salvo en las fotografías que conservamos de ellos.

La providencia del juez Garzón recabando de todos los archivos la relación de desaparecidos en la Guerra Civil y en la posguerra (para muchos, una continuación de aquélla) en orden a confeccionar la lista completa de sus nombres con el fin de proceder a su rescate -en el caso de que se sepa dónde se encuentran sus restos- o a su búsqueda y reivindicación -en el contrario- me ha hecho recordar a mi tío Ángel y a revivir escenas de mi niñez, cuando mi padre y sus hermanos le buscaban todavía, cosa que no dejaron de hacer, ya digo, mientras vivieron, aunque en los últimos tiempos ya sin ninguna esperanza. Por edad, no alcancé a vivir el dolor de mis abuelos, que se fueron con la pena de morirse sin saber qué había sido de su hijo ni si en verdad les había precedido en su destino, como todo hacía pensar; una pena tan grande que a mi abuela la llevó a experimentar incluso fenómenos de aparición (llegó a ver a su hijo una noche en la cocina y a escuchar su voz varias veces, según me contaron luego) y que se vio agrandada por el acoso que ambos tuvieron que soportar por parte de los guardias y la policía franquistas, que pensaban que mi tío pudiera estar escondido en casa, o en el monte, con los grupos de huidos republicanos que durante muchos años resistieron en la zona.

Si cuento todo esto no es, por supuesto, por hacer pública una historia privada y personal, sino por transmitir a quienes se oponen a la búsqueda y reivindicación de los miles de personas desaparecidas en España a lo largo de la guerra y la posguerra el sufrimiento experimentado durante años por sus familias y -algo que les sorprende aún más- la razón de que ese sentimiento perdure en sus descendientes, incluso en aquellos que, como yo, ni siquiera llegamos a conocer a los protagonistas. La experiencia personal, por más que sea limitada, alumbra muchas veces más que todos los análisis teóricos.

En el debate que últimamente se está librando en nuestro país sobre la necesidad de la recuperación de la memoria histórica, como se ha dado en llamar, de una manera eufemística, a la búsqueda de los desaparecidos, se han esgrimido por una y otra parte todo tipo de argumentos y razones. Por parte de quienes la rechazan (la derecha, sobre todo, pero también un número no pequeño de personas sin ideología concreta, incluso de la izquierda más pragmática o más muelle), que hay que mirar hacia delante y no hacia atrás, que la guerra ya ocurrió hace más de medio siglo, que el andar escarbando en el pasado puede reabrir heridas, que a los que lo pretenden sólo les mueven el odio y el revanchismo. Por parte de los que la defienden (la recuperación de la memoria histórica), que el olvido no es justicia, sino todo lo contrario, que la memoria es una necesidad vital, aparte de un derecho de todas las personas y los pueblos, que las heridas no se reabren por buscar a los muertos y enterrarlos dignamente, puesto que nunca se llegaron a cerrar (entre otras muchas razones, por la oposición de aquéllos a que pudiera hacerse cuando debía), que el tiempo transcurrido es garantía de que la historia se puede conocer sin gran peligro, que no parece muy coherente que se reivindique a cada momento la memoria de las víctimas de ETA mientras que se les niega lo mismo a las del franquismo o que, en fin, ya es hora de que los desaparecidos afloren de sus limbos y sus tumbas clandestinas y descansen para siempre donde deben, esto es, donde deseen sus familiares, como ocurre en todos los países democráticos. No seré yo, aunque podría hacerlo sin duda alguna, el que añada más razones y argumentos al debate (en mi caso, por supuesto, a favor de los que quieren y reclaman la verdad), entre otras cosas porque por experiencia sé que, en los debates políticos, y éste lo es, nadie convence a nadie de nada racionalmente. Me limito, por ello, a contar mi historia, como comencé este artículo, por si con ella logro ablandar la sensibilidad de alguno de esos que, insolidariamente o por conveniencia, se resisten a que otros conozcamos qué ocurrió con nuestros familiares o vecinos y podamos, llegado el caso, darles la paz que nunca tuvieron.

Cuando estudiaba bachillerato, en una clase de religión, entonces obligatoria como determinada gente pretende volver a hacer (se ve que no confían demasiado en sus ideas), recuerdo que el profesor, un cura, lógicamente, nos explicó las razones morales por las que el robo era considerado un pecado por la religión católica. De todas las esgrimidas, que eran bastantes, hubo una que aún recuerdo, pues me llamó la atención poderosamente en aquel momento. Era aquella que decía que "las cosas claman por su dueño" y no dejan de hacerlo hasta que se le restituyen. Imaginaba yo entonces un sordo rumor de ambiente producido por todos los objetos que, robados, permanecían en manos de los ladrones y cómo éste debía de delatarlos, así como la paz que los propios objetos habrían de sentir cuando por fin eran devueltos a sus legítimos dueños. Como si los objetos tuvieran alma y sufrieran igual que las personas.

Yo no sé si la religión católica sigue alentando esa presunción, tan literaria por otra parte, para condenar el robo (y para sacralizar, de paso, la necesidad de la restitución de lo robado, condición imprescindible para el perdón del pecador), pero la he recordado muchas veces para explicarme a mí mismo la razón de que hechos sucedidos hace décadas continúen planeando sobre mí y, por lo que puedo ver, sobre muchos otros compatriotas. Que 70 años después de acabada la guerra y comenzada la posguerra, con todo lo que ha ocurrido desde esas fechas, mucha gente continúe reclamando conocer el paradero de sus desaparecidos no indica más, aparte de que, contra lo que muchos quieren, las heridas siguen abiertas, que aquellos siguen clamando en nuestras conciencias y que lo hacen con perseverancia. Sólo así puede explicarse que, después de tantos años de silencio, de olvido institucional, de persecución incluso de su memoria, y después de muertos ya la mayoría de los que los conocieron, su recuerdo y sus nombres sigan vigentes y que haya gente que continúe buscándolos. De la misma manera que sólo así se explica la perseverancia de ésta, hijos y nietos de los desaparecidos muchas veces, que, aunque no llegaron a conocerlos, crecieron, como yo, viendo sus fotos y oyendo a sus padres y a sus abuelos hablar de ellos como si siguieran vivos.

No lo están (el tiempo transcurrido ya ha dejado lugar a la verdad), pero tampoco están muertos, o no lo están del todo, pues su recuerdo sigue turbándonos. ¿Cómo entender, si no, que haya gente que siga todavía buscando el paradero de personas de las que no posee ninguna pista o que las fotos de éstas permanezcan en sus sitios, como la de mi tío Ángel, al revés que las de los muertos, que desaparecen de nuestras vidas a medida que el tiempo va transcurriendo? Personalmente a mí nadie me pidió que la conservara, ni que estuviera atento a cualquier noticia que sobre mi tío pudiera aparecer, pero lo hice y lo sigo haciendo, y ello a pesar de que ya no vive nadie de cuantos lo conocieron de mi familia. El recuerdo de mi padre buscándolo inútilmente y el conocimiento del sufrimiento de mis abuelos es motivo suficiente para hacerlo. Eso y la perseverancia de mi tío Ángel, aquel maestro que llevaba a los niños a lavarse antes de empezar la escuela y que soñaba con un mundo más justo y cuya foto me espera cada verano en la casa en la que nació.

El Congreso y la crisis


XAVIER OGAYA RIBÓ  -  Barcelona

 

EL PAÍS  -  Opinión - 26-09-2008

No puedo reprimir lo que me causó ver en el Congreso de los Diputados las reacciones de los que nos gobiernan.

Ante la aceptación de la crisis por parte de -da lo mismo el partido al que represente- los unos y los otros, se echan a reír (cosa habitual).

Si en ese momento hubieran pensado que hay muchas familias en auténticos apuros económicos, quizás en vez de reír a carcajada limpia hubieran tenido que insultar, increpar, abuchear o yo qué sé, pero no; como he dicho, fueron risas.

Lo único que nos demuestra esa acción es la enorme distancia que nos separa, económica y emocionalmente; y la diferente realidad en que vivimos unos de otros.

 

Educación para la Ciudadanía


RAFAEL
MARTÍ FERRANDO  -  Altea, Alicante

 

EL PAÍS  -  Opinión - 25-09-2008

Soy un profesor de instituto del País Valenciano que se niega a impartir Educación para la Ciudadanía en inglés. Me gustaría que algún responsable del Ministerio de Educación saliera en nuestra defensa, ya que estamos siendo seriamente amenazados de suspensión de empleo y sueldo por negarnos a boicotear la ley y la asignatura, sin prestarnos a la estupidez del profesor traductor dentro del aula, impartiendo la materia en una de las dos lenguas oficiales, valenciano o castellano. Me gustaría también dar a conocer el lamentable estado en que se halla la educación en esta Comunidad, pues no se trata de un gran evento, así como el acoso insoportable que estamos sufriendo los profesores por parte de los inspectores por resistirnos a barbaridades antipedagógicas como la comentada. Pero, sinceramente y siendo realista, sin un apoyo institucional fuerte del ministerio, ante este abandono en que nos encontramos y contando con las posibles sanciones que podamos recibir, la desmoralización y la derrota son un hecho. Ustedes sabrán desde el ministerio qué están dispuestos a hacer por la dignidad de la educación y de los docentes que no estamos dispuestos a rendi

RELIGIÓN
Los amores del cardenal Newman

Activistas gays blanden una carta del famoso prelado inglés sobre un "amado" compañero para frenar su exhumación y beatificación

JUAN G. BEDOYA

 

ELPAIS.com  -  Sociedad - 20-09-2008

La orden de Benedicto XVI de remover la tumba del cardenal inglés John Henry Newman, uno de sus guías intelectuales, para agilizar la beatificación del famoso prelado, ha levantado gran escándalo en el orbe católico por el lado que menos se esperaba: el sexo. "El cardenal Newman era homosexual", proclaman los activistas gays británicos. Usan para ello la oración fúnebre que dedicó a su colaborador, el padre Ambrose St. John, 15 años más joven que él, fallecido en 1875. Vivieron juntos 30 años. El cardenal le sobrevivió otros 15 y pidió ser enterrado en la misma tumba que Ambrose, al que "había amado con un amor tan fuerte como el de un hombre por una mujer". Son sus propias palabras.

Peter Thatchell, activista de los derechos de los homosexuales británicos, interpreta ese pasaje como una "salida del armario". Ve la misma intención en la inscripción que hay sobre la tumba del cardenal y su amigo en Rednall, un pueblo del centro de Inglaterra. "Ex umbris et imaginibus in Veritatem" ("De las sombras y de las imágenes hacia la Verdad", dice el epitafio).

Los activistas gays pretenden que los miembros del clero y los políticos reconozcan sus tendencias sexuales. La bandera del cardenal Newman es imponente para ese empeño, por el impacto universal de su figura. Si Benedicto XVI culmina el proceso canónico, John Henry Newman, el más ilustre de los conversos ingleses, será el primer santo católico de ese país procedente del anglicanismo. Pero los pasos previos están siendo procelosos. Roma necesita la autorización del Gobierno británico para trasladar la famosa sepultura desde Rednall hasta la basílica de Birmingham. La intención es que los peregrinos veneren al beato en un lugar apropiado. La vieja ciudad industrial ya sueña con masivas incursiones turísticas, como un Lourdes a la inglesa.

"Esta profanación viola la voluntad expresa del cardenal de ser enterrado al lado de su amante. La Iglesia católica, que odia a los homosexuales, quiere ocultar el hecho de que su futuro santo fuera homosexual. No sé si tuvieron relaciones sexuales, pero vivieron juntos y se amaron", protesta Thatchell. La polémica es espinosa, pero vieja. El afeminamiento de Newman y sus amistades íntimas fueron comidilla de maledicentes en su época. Tampoco es la primera vez que se escribe sobre el asunto.

El diario católico Church Times ha preguntado a sus lectores, agobiado por el miedo al lobby gay, implacable en este tipo de batallas. Sólo el 20% de los que respondieron aprueba la decisión del episcopado. El Times califica la campaña de Thatchell de "violación póstuma de un alma sensible por otra salvaje". Otros periódicos condenan la tendencia de la comunidad gay a apropiarse de los héroes de la historia británica: ayer, el general Bernard Law Montgomery o Benjamin Disraeli, primer ministro de la reina Victoria; hoy, Newman. La polémica ha saltado el canal de la Mancha, con igual virulencia. "Mgr. Newman était-il gay? Shocking!" ("¿Era monseñor Newman gay? ¡Muy fuerte!"), titulaba su crónica el corresponsal en Londres de Le Monde, Marc Roche.

¿Por qué tanto revuelo en torno a un sermón, supuestamente equívoco, de un cardenal que murió hace 110 años a los 89 de edad? La respuesta está en la imponente personalidad de Newman, una de las grandes figuras del pensamiento anglicano y católico. Algunas de sus ideas sobre la libertad de pensamiento dentro de las Iglesias, o sobre la relación de fe y razón, se plasmaron en el Concilio Vaticano II (1962-1965).

Cuando Tony Blair, el ex primer ministro británico, acudió el año pasado a visitar al Papa para publicitar su sonada conversión al catolicismo, el líder laborista, anglicano de nacimiento, llevaba en su cartera tres retratos del cardenal Newman. Era su regalo a Benedicto XVI porque, como declaró Blair, el más celebre predicador inglés era "pensador y escritor preferido" del pontífice y teólogo Ratzinger.

Se acaba de documentar esa comunión intelectual en un libro en inglés titulado Benedict XVI and cardinal Newman, de Peter Jennings, con una selección de escritos del cardenal Ratzinger y del cardenal Newman. Éste publicó una treintena de libros, la mayoría traducidos al español. Su única novela, Calista, de 1855, apareció en castellano en 1949. También se han publicado en España los principales estudios sobre el prolífico eclesiástico, el último con el título La espiritualidad personal a la luz de J. H. Newman. Sanar la herida de la humanidad, del profesor de Teología en la Universidad de Oxford Ian Ker.

Oxford es, precisamente, el lugar desde el que el cardenal Newman irradió su magisterio durante décadas. Nacido en Londres en 1801, hijo de banqueros, estudió en esa selecta universidad, de la que fue también profesor. Allí se estrenó en 1825 como pastor de la Iglesia anglicana.

Sus primeros escritos y sermones, todavía como anglicano -la Iglesia nacional de Inglaterra tras la ruptura del rey Enrique VIII con Roma-, no anticipaban su conversión al catolicismo, que causó gran sensación en la época. Newman había liderado el llamado Movimiento de Oxford, creado con la intención de restituir a la Iglesia anglicana el derecho a considerarse parte de la Iglesia universal, como la católica y las ortodoxas, sin "romanizarla", pero remontándola a la tradición de los grandes padres y teólogos cristianos. El cardenal escribió en esa época algunas de sus grandes obras.

Pero sus propuestas reformistas, ya en plena fama, chocaban con las jerarquías de su confesión y en la Universidad de Oxford. En 1842 se retiró a estudiar y a meditar. El 9 de octubre de 1845 abrazó el catolicismo. Ese año publica su célebre Essay on development of Christian Doctrine, publicado en España en 1909 con el título Desenvolvimiento del dogma. También fundó la Universidad Católica de Dublín. En 1879 fue creado cardenal por León XIII. Juan Pablo II lo proclamo venerable (primer peldaño hacia la canonización) en 1991, previo reconocimiento de la "heroicidad de sus virtudes".


Un lugar en el mundo


ROSA SOLBES

 

EL PAÍS - 26-09-2008

Así que la mundialización informativa era esto: regresas al hotel transida aún por el crepúsculo en el Bósforo... para darte de bruces con Carlos Fabra. De primeras cuesta un poco descodificar el mensaje, desde la espesura neuronal que precipitan un par de semanas y muchos kilómetros de distancia. Luego acabas (maldita sea) rescatando la cruda realidad de unos hechos que se han empeñado en suceder al margen de tu paréntesis. O sea que estás fuera pero te espantas ante la pantalla donde evolucionan el ectoplasma y sus excrecencias, y entonces te reprochas haber caído en la tentación de escrutar qué demonios sucede por "casa". Pero la culpa es tuya, porque entre culebrón y concurso, las TVE Internacional y 24 horas te van a rebotar algunos de los acontecimientos que se supone debes conocer, y si de verdad pretendías preservar la inocencia, no debías morder la manzana del conocimiento. Arrostra pues las consecuencias de oprimir el mando del televisor, encender el PDA, "conectarte" al correo electrónico y las ediciones digitales. Porque lo que te han venido a obsequiar en setiembre, resumiendo mucho, es: la foto de una esperpéntica clase de Citizenship con traducción simultánea; los reyes del fraude inmobiliario detenidos en El Altet en plena evasión; cuatro cadáveres de inmigrantes flotando frente a la Vega Baja; el alcalde de Alicante marchándose de rositas; trabajadores de Ford pasando al paro; Europa investigando de nuevo el urbanismo valenciano; la jueza de Dénia eximida de cumplir la ley por sus coleguis más conservadores; un chispeante concurso en el que el burbujeante González Pons "premia" con una cena con Rajoy; la deuda de la Generalitat que se sigue saliendo del cuadro; unos barracones escolares que también se salen; las resonancias magnéticas más caras de Europa; los dependientes sin ayudas; una sala de la Filmoteca que ya no recordará al mártir de la libertad Juan Piqueras (qué pena por Berlanga...) mientras el cardenal arzobispo de Valencia afronta otro martirio "comparable al sufrimiento de Cristo" porque no le reconocen su derecho a formar "médicos para la vida". Menciono al final las últimas persecuciones y cismas que afectan a la Iglesia Católica porque en este caso he tenido que ver, leer y tocar para creer. Por eso rescato del papel impreso (una manía) la noticia de García-Gasco prohibiendo al abad de Poblet decir en Valencia una misa por En Jaume I, la pomposa inauguración de una "universidad" confesional perfectamente inútil... y la soberbia (no como sinónimo de magnífica) que supura en el patio esa estatua erigida en honor del purpurado al que Rita Barberá acaba de adoptar...

Procedo a esta inmersión noticiosa a base de ampliar los titulares que me golpearon a muchas millas mientras transcurre el debate en las Cortes autonómicas, el mismo día en que la policía exige a los bancos las cuentas de Fabra. El curso político ha comenzado, y ahora sé que al menos una cosa han cumplido nuestros gobernantes: prometieron poner a Valencia en el mapa del mundo y (maldita sea de nuevo) lo han conseguido. Tanto, que tienta seguir observándola desde lejos, vía satélite.

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