
Política: curses de cavalls de Troia.
Stanislaw Jerzy Lec, escriptor polonès (1909-1966)
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I a més ací teniu algun article més:
La perseverancia de los desaparecidos
Los debates políticos muchas veces terminan enconándose y de nada sirven los
argumentos racionales. Es entonces cuando acaso sirvan las historias, como
ésta, que trata de un maestro de escuela de
JULIO
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EL PAÍS - Opinión - 26-09-2008
El Congreso y la crisis
XAVIER OGAYA RIBÓ
- Barcelona
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EL
PAÍS - Opinión - 26-09-2008
Educación para
RAFAEL
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EL
PAÍS - Opinión - 25-09-2008
RELIGIÓN
Los amores del cardenal Newman
Activistas gays blanden una carta del famoso prelado inglés sobre un
"amado" compañero para frenar su exhumación y beatificación
JUAN G. BEDOYA
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ELPAIS.com - Sociedad - 20-09-2008
Un lugar en el mundo
ROSA SOLBES
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EL PAÍS - 26-09-2008
La perseverancia de
los desaparecidos
Los debates políticos muchas veces terminan enconándose y de nada sirven los
argumentos racionales. Es entonces cuando acaso sirvan las historias, como
ésta, que trata de un maestro de escuela de
JULIO
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EL PAÍS - Opinión - 26-09-2008
Guardo en mi casa de vacaciones
-la vieja casa de mi familia- el retrato de un hombre al que no conocí, pero
cuya presencia me ha acompañado siempre, al igual que a mis padres y a mis
abuelos. Se trata del retrato de un tío mío, maestro de
La perseverancia de los desaparecidos (tomo la frase de un título del poeta Miguel Suárez que publicó Hiperión) se muestra en esos detalles, pero también en su resistencia a desaparecer del todo, como sucede con las estrellas, que siguen dando luz después de muertas, incluso cuando llevan millones de años apagadas. Y es que los desaparecidos se convierten en fantasmas que continúan viviendo junto a nosotros, por más que no los veamos salvo en las fotografías que conservamos de ellos.
La providencia del juez
Garzón recabando de todos los archivos la relación de desaparecidos en
Si cuento todo esto no es, por supuesto, por hacer pública una historia privada y personal, sino por transmitir a quienes se oponen a la búsqueda y reivindicación de los miles de personas desaparecidas en España a lo largo de la guerra y la posguerra el sufrimiento experimentado durante años por sus familias y -algo que les sorprende aún más- la razón de que ese sentimiento perdure en sus descendientes, incluso en aquellos que, como yo, ni siquiera llegamos a conocer a los protagonistas. La experiencia personal, por más que sea limitada, alumbra muchas veces más que todos los análisis teóricos.
En el debate que últimamente se está librando en nuestro país sobre la necesidad de la recuperación de la memoria histórica, como se ha dado en llamar, de una manera eufemística, a la búsqueda de los desaparecidos, se han esgrimido por una y otra parte todo tipo de argumentos y razones. Por parte de quienes la rechazan (la derecha, sobre todo, pero también un número no pequeño de personas sin ideología concreta, incluso de la izquierda más pragmática o más muelle), que hay que mirar hacia delante y no hacia atrás, que la guerra ya ocurrió hace más de medio siglo, que el andar escarbando en el pasado puede reabrir heridas, que a los que lo pretenden sólo les mueven el odio y el revanchismo. Por parte de los que la defienden (la recuperación de la memoria histórica), que el olvido no es justicia, sino todo lo contrario, que la memoria es una necesidad vital, aparte de un derecho de todas las personas y los pueblos, que las heridas no se reabren por buscar a los muertos y enterrarlos dignamente, puesto que nunca se llegaron a cerrar (entre otras muchas razones, por la oposición de aquéllos a que pudiera hacerse cuando debía), que el tiempo transcurrido es garantía de que la historia se puede conocer sin gran peligro, que no parece muy coherente que se reivindique a cada momento la memoria de las víctimas de ETA mientras que se les niega lo mismo a las del franquismo o que, en fin, ya es hora de que los desaparecidos afloren de sus limbos y sus tumbas clandestinas y descansen para siempre donde deben, esto es, donde deseen sus familiares, como ocurre en todos los países democráticos. No seré yo, aunque podría hacerlo sin duda alguna, el que añada más razones y argumentos al debate (en mi caso, por supuesto, a favor de los que quieren y reclaman la verdad), entre otras cosas porque por experiencia sé que, en los debates políticos, y éste lo es, nadie convence a nadie de nada racionalmente. Me limito, por ello, a contar mi historia, como comencé este artículo, por si con ella logro ablandar la sensibilidad de alguno de esos que, insolidariamente o por conveniencia, se resisten a que otros conozcamos qué ocurrió con nuestros familiares o vecinos y podamos, llegado el caso, darles la paz que nunca tuvieron.
Cuando estudiaba bachillerato, en una clase de religión, entonces obligatoria como determinada gente pretende volver a hacer (se ve que no confían demasiado en sus ideas), recuerdo que el profesor, un cura, lógicamente, nos explicó las razones morales por las que el robo era considerado un pecado por la religión católica. De todas las esgrimidas, que eran bastantes, hubo una que aún recuerdo, pues me llamó la atención poderosamente en aquel momento. Era aquella que decía que "las cosas claman por su dueño" y no dejan de hacerlo hasta que se le restituyen. Imaginaba yo entonces un sordo rumor de ambiente producido por todos los objetos que, robados, permanecían en manos de los ladrones y cómo éste debía de delatarlos, así como la paz que los propios objetos habrían de sentir cuando por fin eran devueltos a sus legítimos dueños. Como si los objetos tuvieran alma y sufrieran igual que las personas.
Yo no sé si la religión católica sigue alentando esa presunción, tan literaria por otra parte, para condenar el robo (y para sacralizar, de paso, la necesidad de la restitución de lo robado, condición imprescindible para el perdón del pecador), pero la he recordado muchas veces para explicarme a mí mismo la razón de que hechos sucedidos hace décadas continúen planeando sobre mí y, por lo que puedo ver, sobre muchos otros compatriotas. Que 70 años después de acabada la guerra y comenzada la posguerra, con todo lo que ha ocurrido desde esas fechas, mucha gente continúe reclamando conocer el paradero de sus desaparecidos no indica más, aparte de que, contra lo que muchos quieren, las heridas siguen abiertas, que aquellos siguen clamando en nuestras conciencias y que lo hacen con perseverancia. Sólo así puede explicarse que, después de tantos años de silencio, de olvido institucional, de persecución incluso de su memoria, y después de muertos ya la mayoría de los que los conocieron, su recuerdo y sus nombres sigan vigentes y que haya gente que continúe buscándolos. De la misma manera que sólo así se explica la perseverancia de ésta, hijos y nietos de los desaparecidos muchas veces, que, aunque no llegaron a conocerlos, crecieron, como yo, viendo sus fotos y oyendo a sus padres y a sus abuelos hablar de ellos como si siguieran vivos.
No lo están (el tiempo transcurrido ya ha dejado lugar a la verdad), pero tampoco están muertos, o no lo están del todo, pues su recuerdo sigue turbándonos. ¿Cómo entender, si no, que haya gente que siga todavía buscando el paradero de personas de las que no posee ninguna pista o que las fotos de éstas permanezcan en sus sitios, como la de mi tío Ángel, al revés que las de los muertos, que desaparecen de nuestras vidas a medida que el tiempo va transcurriendo? Personalmente a mí nadie me pidió que la conservara, ni que estuviera atento a cualquier noticia que sobre mi tío pudiera aparecer, pero lo hice y lo sigo haciendo, y ello a pesar de que ya no vive nadie de cuantos lo conocieron de mi familia. El recuerdo de mi padre buscándolo inútilmente y el conocimiento del sufrimiento de mis abuelos es motivo suficiente para hacerlo. Eso y la perseverancia de mi tío Ángel, aquel maestro que llevaba a los niños a lavarse antes de empezar la escuela y que soñaba con un mundo más justo y cuya foto me espera cada verano en la casa en la que nació.
El Congreso y la crisis
XAVIER OGAYA RIBÓ
- Barcelona
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EL
PAÍS - Opinión - 26-09-2008
No
puedo reprimir lo que me causó ver en el Congreso de los Diputados las
reacciones de los que nos gobiernan.
Ante la aceptación de la crisis por parte de -da lo
mismo el partido al que represente- los unos y los otros, se echan a reír (cosa
habitual).
Si en ese momento hubieran pensado que hay muchas
familias en auténticos apuros económicos, quizás en vez de reír a carcajada
limpia hubieran tenido que insultar, increpar, abuchear o yo qué sé, pero no;
como he dicho, fueron risas.
Lo único que nos demuestra esa acción es la enorme
distancia que nos separa, económica y emocionalmente; y la diferente realidad
en que vivimos unos de otros.
Educación para
RAFAEL
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EL
PAÍS - Opinión - 25-09-2008
Soy
un profesor de instituto del País Valenciano que se niega a impartir Educación
para
RELIGIÓN
Los amores del cardenal Newman
Activistas gays blanden una carta del famoso prelado inglés sobre un
"amado" compañero para frenar su exhumación y beatificación
JUAN G. BEDOYA
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ELPAIS.com - Sociedad - 20-09-2008
La orden de Benedicto XVI de remover la tumba del cardenal inglés John Henry Newman, uno de sus guías intelectuales, para agilizar la beatificación del famoso prelado, ha levantado gran escándalo en el orbe católico por el lado que menos se esperaba: el sexo. "El cardenal Newman era homosexual", proclaman los activistas gays británicos. Usan para ello la oración fúnebre que dedicó a su colaborador, el padre Ambrose St. John, 15 años más joven que él, fallecido en 1875. Vivieron juntos 30 años. El cardenal le sobrevivió otros 15 y pidió ser enterrado en la misma tumba que Ambrose, al que "había amado con un amor tan fuerte como el de un hombre por una mujer". Son sus propias palabras.
Peter Thatchell, activista de los derechos de los
homosexuales británicos, interpreta ese pasaje como una "salida del
armario". Ve la misma intención en la inscripción que hay sobre la tumba
del cardenal y su amigo en Rednall, un pueblo del centro de Inglaterra. "Ex
umbris et imaginibus in Veritatem" ("De las sombras y de las imágenes
hacia
Los activistas gays pretenden que los miembros del clero y los políticos reconozcan sus tendencias sexuales. La bandera del cardenal Newman es imponente para ese empeño, por el impacto universal de su figura. Si Benedicto XVI culmina el proceso canónico, John Henry Newman, el más ilustre de los conversos ingleses, será el primer santo católico de ese país procedente del anglicanismo. Pero los pasos previos están siendo procelosos. Roma necesita la autorización del Gobierno británico para trasladar la famosa sepultura desde Rednall hasta la basílica de Birmingham. La intención es que los peregrinos veneren al beato en un lugar apropiado. La vieja ciudad industrial ya sueña con masivas incursiones turísticas, como un Lourdes a la inglesa.
"Esta profanación viola la voluntad expresa
del cardenal de ser enterrado al lado de su amante.
El diario católico Church Times ha
preguntado a sus lectores, agobiado por el miedo al lobby gay,
implacable en este tipo de batallas. Sólo el 20% de los que respondieron
aprueba la decisión del episcopado. El Times califica la campaña de
Thatchell de "violación póstuma de un alma sensible por otra
salvaje". Otros periódicos condenan la tendencia de la comunidad gay a
apropiarse de los héroes de la historia británica: ayer, el general Bernard Law
Montgomery o Benjamin Disraeli, primer ministro de la reina Victoria; hoy,
Newman. La polémica ha saltado el canal de
¿Por qué tanto revuelo en torno a un sermón, supuestamente equívoco, de un cardenal que murió hace 110 años a los 89 de edad? La respuesta está en la imponente personalidad de Newman, una de las grandes figuras del pensamiento anglicano y católico. Algunas de sus ideas sobre la libertad de pensamiento dentro de las Iglesias, o sobre la relación de fe y razón, se plasmaron en el Concilio Vaticano II (1962-1965).
Cuando Tony Blair, el ex primer ministro británico, acudió el año pasado a visitar al Papa para publicitar su sonada conversión al catolicismo, el líder laborista, anglicano de nacimiento, llevaba en su cartera tres retratos del cardenal Newman. Era su regalo a Benedicto XVI porque, como declaró Blair, el más celebre predicador inglés era "pensador y escritor preferido" del pontífice y teólogo Ratzinger.
Se acaba de documentar esa comunión intelectual en
un libro en inglés titulado Benedict XVI and cardinal Newman, de Peter
Jennings, con una selección de escritos del cardenal Ratzinger y del cardenal
Newman. Éste publicó una treintena de libros, la mayoría traducidos al español.
Su única novela, Calista, de 1855, apareció en castellano en 1949.
También se han publicado en España los principales estudios sobre el prolífico
eclesiástico, el último con el título La espiritualidad personal a la luz de
J. H. Newman. Sanar la herida de la humanidad, del profesor de Teología en
Oxford es, precisamente, el lugar desde el que el
cardenal Newman irradió su magisterio durante décadas. Nacido en Londres en
1801, hijo de banqueros, estudió en esa selecta universidad, de la que fue
también profesor. Allí se estrenó en 1825 como pastor de
Sus primeros escritos y sermones, todavía como
anglicano -
Pero sus propuestas reformistas, ya en plena fama,
chocaban con las jerarquías de su confesión y en
Un lugar en el mundo
ROSA SOLBES
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EL PAÍS - 26-09-2008
Así
que la mundialización informativa era esto: regresas al hotel transida aún por
el crepúsculo en el Bósforo... para darte de bruces con Carlos Fabra. De
primeras cuesta un poco descodificar el mensaje, desde la espesura neuronal que
precipitan un par de semanas y muchos kilómetros de distancia. Luego acabas
(maldita sea) rescatando la cruda realidad de unos hechos que se han empeñado
en suceder al margen de tu paréntesis. O sea que estás fuera pero te espantas
ante la pantalla donde evolucionan el ectoplasma y sus excrecencias, y entonces
te reprochas haber caído en la tentación de escrutar qué demonios sucede por
"casa". Pero la culpa es tuya, porque entre culebrón y concurso, las
TVE Internacional y 24 horas te van a rebotar algunos de los acontecimientos
que se supone debes conocer, y si de verdad pretendías preservar la inocencia,
no debías morder la manzana del conocimiento. Arrostra pues las consecuencias
de oprimir el mando del televisor, encender el PDA, "conectarte" al
correo electrónico y las ediciones digitales. Porque lo que te han venido a
obsequiar en setiembre, resumiendo mucho, es: la foto de una esperpéntica clase
de Citizenship con traducción simultánea; los reyes del fraude inmobiliario
detenidos en El Altet en plena evasión; cuatro cadáveres de inmigrantes
flotando frente a
Procedo a esta inmersión noticiosa a base de ampliar los titulares que me golpearon a muchas millas mientras transcurre el debate en las Cortes autonómicas, el mismo día en que la policía exige a los bancos las cuentas de Fabra. El curso político ha comenzado, y ahora sé que al menos una cosa han cumplido nuestros gobernantes: prometieron poner a Valencia en el mapa del mundo y (maldita sea de nuevo) lo han conseguido. Tanto, que tienta seguir observándola desde lejos, vía satélite.







