
MAYORÍAS ABSOLUTAS (LEVANTE-EMV)
CARMEN ARANEGUI -ISABEL MORANT - TRINI SIMÓ
Zaragoza, del blanco y negro al color
Zaragoza recupera el Ebro y se descubre en el centro de un territorio con futuro, afirma el cantautor y político aragonés en este perfil de su ciudad. Allí se abrirá el próximo mes
José Antonio Labordeta (EL PAÍS)
Una parte no pequeña de la oposición al PP valenciano vive el triunfo electoral de Camps-Barberá como si se tratara de un castigo bíblico. Las últimas elecciones autonómicas revelaron, sin embargo, que más de un cuarenta y cinco por ciento del voto valenciano no fue a parar al partido que gobierna en
El PP vive de un éxito salpicado de celebraciones sancionado por las urnas mientras la oposición, salvo excepciones, anda errática en el análisis de los porqués de tan prolongada situación.
Bien es cierto que no hay acceso a los medios de información autonómicos para hacerse oír desde posiciones críticas porque RTVV y, sobre todo, Canal 9 hace tiempo que dejaron de ser de todos los valencianos. Por eso valoramos positivamente la política de dar una mayor autonomía a la televisión pública estatal recién inaugurada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, porque hay que corregir la tendencia, común a todos los partidos, a apropiarse de la comunicación. Pero nada de esto parece que pueda ocurrir en nuestra televisión autonómica, tendenciosa escandalosamente desde hace tiempo hasta convertirse en lo que hoy es:
Tampoco existe la más mínima objetividad respecto a las acciones del Estado, que sólo se nombra para ser machaconamente criticado. Los profesionales valencianos del sector audiovisual han demostrado suficientemente su capacidad y, a pesar de esto, a menudo ven como sus propuestas quedan marginadas frente a programas de productoras afines al PP. Los trabajadores de Canal Nou y Ràdio Nou sufren una política de empleo arbitraria, que busca primar las fidelidades en detrimento de la calidad del trabajo. Por otro lado, en el consejo de administración correspondiente se oyen voces cada vez más alarmantes sobre el derroche económico de RTVV. Mientras los índices de audiencia siguen bajando.
El éxito del gobierno valenciano ha tenido un alto precio pagado por toda la población. Mucha gente lo sabe y otra se va enterando a medida que se le presentan problemas laborales, de escolarización de sus hijos, de atención médico-sanitaria, de transporte público y un largo etcétera. Hacer oídos sordos a esta oposición es una práctica de cinismo y de desprecio que no se puede justificar por las mayorías absolutas de ningún signo.
Hemos podido comprobar el abuso que el partido del gobierno hace de sus mayorías absolutas. Una treintena de firmantes del manifiesto al que venimos aludiendo nos proponíamos asistir al debate que sabíamos iba darse en les Corts a propósito del ente público RTVV , para lo que habíamos solicita la correspondiente acreditación. Pero no, esto no ha sido posible, por el desembarco de muchos, muchísimos cargos del gobierno han llegado ¿de improviso? copado los asientos que nos estaban destinados, relegándonos a una oscura sala donde no pudiéramos ser vistos. Porque existimos y porque no vamos a tolerar que nos borren de los medios de comunicación públicos hemos preparado esta acción. Entra en www. rtvpublicaplural.org y, si te parece bien, firma.
Zaragoza, del blanco y negro al color
Zaragoza recupera el Ebro y se descubre en el centro de un territorio con futuro, afirma el cantautor y político aragonés en este perfil de su ciudad. Allí se abrirá el próximo mes
Esta vetusta ciudad / vieja como ninguna / que te observa caminar / como si vas por
Este texto corresponde a una vieja canción mía, cuyo título, Zarajotablues, remarcaba el sentimiento que uno muestra hacia esta cesaraugusta ribereña del Ebro que anda, entre el hiperrealismo gracianesco-pilarista y el surrealismo de Buñuel y muchos de sus paisanos, y donde dentro de tres semanas se abrirá
En mi caso, casi 70 años dejando las huellas de tus zapatos por las lindes zaragozanas te hacen tener un conocimiento de la ciudad que va, desde los humildes cigarrillos de manzanilla, adquiridos a una abuelica que vendía sus mercancías al lado de la vieja y entrañable pasarela, que unía con su modestia las dos orillas del río, hasta la explosión urbanística que derrocha barrios nuevos, carreteras modernas, altos y asépticos edificios y una larga caravana de gente joven dispuesta a convertir a la "ilustre gusanera zaragozana" que escribía mi hermano Miguel hablando de ella a fines de los cuarenta, en una poderosa y brillante imagen hacia el futuro. Pasar del blanco y negro al color. De la melancolía de las últimas horas de los domingos escolares a un aluvión que hace girar los sueños hacia una visión diferente, guardando en sus entrañas, todavía, la vieja memoria de lo que fue.
Aquellos famosos Sitios de la ciudad por la francesada sirvieron, sobre todo, para que cayeran las viejas murallas de ladrillo -las de piedra romana ya habían sido derribadas-, y se abriesen nuevos horizontes para desplegar el plano urbano; unas veces con sentido, otras con mero motivo especulativo y a veces, por puro sentimiento destructivo.
El sentimiento de la piqueta que hubo que utilizar tras el bárbaro asedio napoleónico quedó en el inconsciente colectivo de la ciudad, y, unas veces por abrir y otras por cerrar, la ciudad fue perdiendo tesoros arquitectónicos como los palacios renacentistas o la hermosa Torre Nueva, una joya mudéjar, desde la que los vigías anunciaban por donde venían los franceses y a donde había que acudir para cerrar los portillos abiertos por la artillería.
De los palacios pocos sobrevivieron y algunos, como el hermoso de los Zaporta, con el increíble patio de
Bajo esa piqueta destructiva también estuvo a punto de sucumbir un edificio emblemático de la historia de la ciudad y de España: el palacio sede de los reyes Taifas de Saracosta,
Este hermoso lugar estuvo convertido en cuartel, cuyo cuerpo de guardia hacía la vigilia en el mihrab de la hermosa mezquita. La explanada que lo rodeaba estaba llena de camiones que aparcaban allí porque era el paso forzoso de Barcelona hacia Madrid o viceversa.
A nosotros, pequeños adolescentes, un profesor nos llevaba, una vez cada curso, a visitar el Castillo: el salón del Trono -con su maravilloso artesonado mudéjar- estaba repleto, casi hasta el techo, de mosquetones de la guarnición. El profesor nos explicaba la importancia de toda aquella magnífica obra de arte, pero a nosotros, lo que nos gustaba era acariciar las culatas de los mosquetones y los naranjeros y de alguna ametralladora.
Era
Esta ciudad siempre tuvo la moral muy relajada y en ella, a pesar de esa visión de ciudad mariana con Academia Militar, los prostíbulos tenían alcurnia y humildad, y dos entidades gloriosas producían alegría y jolgorio entre sus visitantes: El Oasis y El Plata. El primero era un teatro musical que intentaba desvergonzarse contra tanta censura eclesial, y el segundo, un café cantante, con un pequeño escenario en el que los tres músicos aparecían en fila india porque si no, no cabían, y la maciza vocalista entonaba siempre aquello de: "No te vayas de Navarraaa...", para el jolgorio de los espectadores, en su mayoría campesinos que, a esa hora, las tres de la tarde, ya habían comido en cualquiera de los restaurantes de los existentes en lo que se conoce como el Tubo, que, entre otras entidades comerciales, albergaba una pequeña tiendecita rotulada como Gomas
De ese blanco y negro mi Zaragoza se salvaba porque un par de librerías, Pórtico y Libros, nos alimentaban clandestinamente de todo lo que se podía leer por el mundo, al tiempo que cuatro importantes poetas, Ildefonso Manuel Gil, mi hermano Miguel, Manuel Pinillos y Julio Antonio Gómez, más un gran prosista Manuel Derqui, nos colocaban en el huracán de la cultura nacional, junto a tres grandes pintores -Lagunas, Laguardia y Aguayo-, que, a fines de los cuarenta, inauguraban una exposición de pintura abstracta, la primera de España, bajo las denuncias de las gentes de orden zaragozanas.
Gentes de orden a las que, aunque
Lo hacían bajo mi ventana y siempre me imaginé que allí estaba mi puerto de mar, que nunca tuve, pero que ansiaba. Y antes de acostarme, noche tras noche, me asomaba para verlos, para aspirar el aroma de las verduras frescas y escuchar el runrún suave de las mulas y de los machos.
Un día aquella ciudad reventó, se aupó sobre su pequeña medianía y comenzó a crecer, a hacerse mayor y a llenarse de gentes que traían un nuevo concepto de la ciudad y de la vida. Un aire joven puso color al blanco y negro, que pasó a la historia con el final de
Mi Zaragoza está -en realidad, siempre ha estado pero lo desconocía- en mitad de un territorio con futuro. ¡Que los dioses nos cojan confesados!









