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valldalbaidi | ARTICLES | dimecres, 9 de juliol de 2008 | 00:45h
Ací us deixe algun article dels que he llegit a la premsa.

OPINIÓN
La lengua obligatoria


Josep Ramoneda

 

DOMINGO - 06-07-2008


Falta de estímulos


FEDERICO GÓMEZ PARDO  -  Girona

 

EL PAÍS  -  Opinión - 07-07-2008


Filantropía


JUAN JOSÉ MILLÁS

 

EL PAÍS  -  Última - 04-07-2008


BON DIA (LEVANTE-EMV)

Salvador Vendrell


Gobernar para los amigos


JOSÉ RAMÓN GINER

 

EL PAÍS - 07-07-2008


¿Crisis económica o de modelo?


JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA

 

EL PAÍS  -  Opinión - 02-07-2008


Pluja fina, tempesta roja (i 'gualda')

David González

Subdirector AVUI

A la tres


OPINIÓN
La lengua obligatoria


Josep Ramoneda

 

DOMINGO - 06-07-2008

Un ciudadano de Cataluña que lo desee puede vivir en este país sólo con la lengua castellana; un ciudadano de Cataluña que lo desee no puede vivir sólo con el catalán. Ésta es la asimetría sobre la que está construido el Manifiesto por una lengua común que la prensa conservadora madrileña ha convertido en el juguete político de la temporada. Para un catalanohablante, el bilingüismo es obligatorio; para un castellanohablante, no. Es una peculiar interpretación de la equidad lingüística.

El alegato por la lengua común, que hace el castellano obligatorio, pero no las lenguas propias de cada comunidad autónoma "porque hay una asimetría en las lenguas españolas oficiales", se funda en la idea convertida ya en mito de que "son los ciudadanos los que tienen derechos lingüísticos, no los territorios, ni mucho menos las lenguas mismas". Pero, por lo visto, hay ciudadanos con más derechos lingüísticos que otros porque tienen que aprender una sola lengua, mientras que los que hablamos catalán tenemos que aprender dos.

En coherencia con la afirmación de que los derechos lingüísticos son de los ciudadanos, se dice que "las lenguas no tienen derecho a conseguir coactivamente hablantes". Pero la solidez del principio de referencia no aguanta ni cinco líneas. Porque inmediatamente después se precisa que el castellano es "obligatorio", y, por tanto, puede ser impuesto, mientras que la aspiración a que todos sepan el catalán (o el vascuence, o el gallego) a lo sumo puede ser "estimulada". ¿Por qué? Porque el castellano es la lengua común del territorio español. O sea, que hay territorios con derechos lingüísticos y otros que carecen de ellos, de modo que los principios fundamentales del razonamiento -los que enfáticamente afirman que los territorios no tienen derechos lingüísticos- son adaptables en función del lugar.

Dicen los autores del manifiesto que su inquietud es estrictamente política. Por eso el manifiesto concluye con unas notas o recomendaciones para un decreto de unificación lingüística que elevan al Parlamento español con la petición de que se desarrolle la normativa correspondiente, aun en el caso de que exigiera modificación de la Constitución o de algunos estatutos. Todo su alegato parte de la obligación constitucional de saber el castellano, pero la Constitución deja de ser intocable si se trata de garantizar más todavía la hegemonía de este idioma. De modo que el manifiesto es una invitación explícita al PSOE y al PP a poner orden lingüístico en las naciones periféricas e, implícitamente, una señal al Tribunal Constitucional para que no desaproveche la oportunidad de revisar el Estatuto de Cataluña. La irrupción del nuevo PP de Rajoy en apoyo del manifiesto demuestra las limitaciones de la renovación de la derecha: quiere forjar alianzas con los nacionalistas periféricos, y lo primero que hace es darles donde más les duele: en la lengua.

Los conflictos entre lenguas son siempre delicados y difícilmente admiten soluciones definitivas, salvo en regímenes que estén en condiciones de imponer una lengua a sangre y fuego. Puesto que éste no es el caso, siempre habrá puntos de roce y opciones insatisfactorias para unos u otros. Hace tiempo que sabemos que el retablo social en que todas las piezas encajan perfectamente es del dominio de la utopía, es decir, del horror. En Cataluña se optó, con amplio consenso político y social, por la inmersión lingüística. No fue un capricho. Fue una opción con un doble objetivo: recuperar la lengua propia y evitar la fractura del país en dos comunidades idiomáticas. Ha funcionado razonablemente. A pesar de algunas estridencias, perfectamente evitables, de los que todavía sueñan con la absurda fantasía de un país monolingüe en catalán. Los jóvenes acaban los estudios básicos conociendo los dos idiomas, y después es ya la dinámica social la que determina los usos. Y en ésta el castellano todavía juega con mucha ventaja. En Cataluña se hablan hoy decenas de lenguas, ¿no empieza a ser antiguo este debate?

¿Cuál debería ser el objetivo? Una sociedad realmente bilingüe. Es decir, una sociedad en la que cuando uno inicie una conversación en catalán tenga la certeza de que le responderán en catalán y cuando uno la inicie en castellano tenga la certeza que le responderán en castellano. Éste sería un equitativo ideal regulativo. Pero a día de hoy, el bilingüismo es todavía perfectamente asimétrico a favor del castellano. Y, sin embargo, el manifiesto pretende que asumamos que el castellano sea obligatorio y el catalán no. ¿No eran algunos de los firmantes los que decían que las lenguas que se imponen obligatoriamente se hacen antipáticas? -


Falta de estímulos


FEDERICO GÓMEZ PARDO  -  Girona

 

EL PAÍS  -  Opinión - 07-07-2008

Aunque estoy jubilado tras muchos años dedicado a la enseñanza, mantengo la amistad con bastantes de mis antiguos compañeros que continúan en activo. Estos días de final de curso les he visto muy agotados. No me extraña. Antes había respeto al profesor y era fácil mantener la autoridad en clase; ahora, ello exige una tensión continua, además de bastante experiencia. Y cuando terminan la jornada laboral cuesta mucho desconectar; no tanto porque hay que corregir exámenes y preparar clases, como porque hay muchos malhumores y desengaños acumulados de los que desprenderse. Encima han de aguantar el sarcasmo de que les echen en cara los muchos días de vacaciones que tienen.

Un albañil con una cierta especialización puede ganar fácilmente más de 3.000 euros mensuales. Y lo mismo un lampista y algunas otras profesiones manuales. Todo lo cual me perece estupendo. Lo que ya no me parece tan bien es que un profesor de Enseñanza Primaria o Secundaria ha de tener bastante antigüedad y complementos para llegar a los 2.000 euros al mes.

¿Qué estímulos ofrece hoy la sociedad para que los titulados con buenas cabezas y cualidades se dediquen a la educación? Más de una vez me ha venido a la cabeza, al pensar en todo esto, el célebre cuadro de Sorolla: "Y aún dicen que el pescado es caro".


Filantropía


JUAN JOSÉ MILLÁS

 

EL PAÍS  -  Última - 04-07-2008

La subida de la luz no es para que las compañía eléctricas ganen más, sino para ayudarnos a consumir menos. La flexiseguridad, como el ornitorrinco, constituye una aportación a la biodiversidad. La jornada de 60 horas mejorará los derechos sociales en Europa. Los atascos son angosturas puntuales. Los accidentes, incidentes. La gripe asiática, diarrea estival. No sabemos qué nombre dar aún al miedo a la Iglesia, al pánico a modificar la ley del aborto, al terror a enfrentar de una vez por todas el asunto de la eutanasia, pero ya se nos irá ocurriendo, por recursos lingüísticos que no sea. Si hemos sido capaces de llamar daños colaterales a las víctimas civiles, cine de adultos al pornográfico, hombre de color al negro, establecimiento penitenciario a la cárcel, intervención militar a la guerra, solución final al crimen, niveles a los precios, métodos de persuasión a la tortura, privación sensorial a la asfixia inducida, productor al obrero, colaborador al asalariado, becario al esclavo, limpieza étnica al genocidio, campaña aérea al bombardeo, financiación al préstamo, moderación salarial a lo que usted ya sabe, y así de forma sucesiva, si hemos sido tan ingeniosos, tan rápidos en la respuesta, tan eficaces en el uso de la palabra, tenemos que encontrar el modo de convencernos de que la Ley del Retorno es filantrópica. A mí prácticamente me han vendido la burra esta semana. A ver cómo se la venden a un inocente equis cuando lleve un año encerrado en una celda. ¿Cómo explicarle que está allí por su bien, por su seguridad (quizá por su flexiseguridad)? ¿Cómo convencerle de que, de no haberlo encerrado, quizá lo hubiéramos matado, que era lo que nos pedía el cuerpo? Pero somos europeos, muchacho, dictamos leyes capaces de contenernos, de ponernos límites, y tú, enhorabuena, eres uno de sus primeros beneficiados.


BON DIA (LEVANTE-EMV)

Salvador Vendrell

Cada vegada sóc més reticent a escriure en aquesta columna sobre els problemes de la llengua. Moltes vegades pense que, si volem tindre una llengua normalitzada, l´haurem de fer servir per a parlar de tot, com fan totes les llengües, i no únicament per a mirar-nos el melic i per a queixar-nos contínuament de les nostres desgràcies. I, per això, tant se me´n donen els manifestos, signats o no pel nostre president, que van dirigits contra la línia de flotació de la normalització lingüística. No em preocupen, sé qui són els promotors de la criatura i sé qui és i què vol el nostre president. Només em pregunte on són els intel·lectuals, els artistes o els polítics espanyols que es vanten de progressisme i de comprensió dels fets diferencials? En aquestes ocasions només fan dues coses: o signen els manifestos o callen, i es renten les mans com el famós romà. Jo ja sóc gran i tinc molt clar quina és la meua llengua. Me la van ensenyar els meus pares i és la que utilitzava per a relacionar-me i per a comprendre el món. Després vaig anar a escola i em vaig ensenyar a llegir d´una manera molt estranya: allà on jo veia una granota, havia de dir rana. Tot això fins que va haver-hi un procés democràtic i la llengua aconseguí guanyar uns quants i insuficients espais d´ús que fins aleshores teníem vedats. I no ens enganyem: si la nostra llengua avança és perquè el castellà retrocedeix. No hi ha una altra manera de resoldre el conflicte. I encara cal fer molt de camí, però no podem dir que no hem avançat. No tenim gaires motius per a ser optimistes, però tampoc no tenim ganes d´admetre cap derrota. I volem viure com ens han ensenyat. Volem parlar i escriure com pensem, encara que això, per als de sempre, signifique fer la punyeta. Perquè tenim la capritxosa mania d´alçar-nos i dir: bon dia.


Gobernar para los amigos


JOSÉ RAMÓN GINER

 

EL PAÍS - 07-07-2008

A algunos valencianos se nos ha quedado cara de simple después de saber que la famosa multa al hotel Atrium no existió jamás; nunca hubo voluntad de hacerla efectiva. Todas aquellas frases heroicas que pronunció el consejero Blasco en contra del urbanismo salvaje no eran más que una representación teatral dirigida a los incautos. Una representación, eso sí, excelente como todas las que ha realizado este hombre a lo largo de su extensa carrera pública. Claro que no todo el mérito corresponde a Blasco: se necesita una gran ingenuidad por nuestra parte para creer que quienes alentaban el urbanismo salvaje iban a ocuparse de castigar a sus promotores.

¿Recuerda usted, amigo lector, el escándalo de Catral? En aquel momento, pareció que el Consell iba a poner freno al desorden urbano de La Vega Baja, que es tumultuoso. Naturalmente, tal cosa no se produjo. Logrado el objetivo que se pretendía -objetivo electoral, por cierto-, las aguas se remansaron, y estamos a la espera de que, cualquier día, le demos al asunto una apariencia de legalidad.

Quienes gobiernan, juegan con nuestra propensión al olvido. Saben que la actualidad es efímera y que un escándalo será olvidado por otro en unos cuantos días. De ahí que busquen distraernos con cualquier tema baladí, como el de impartir en inglés Educación para la Ciudadanía. Por cierto, que el señor Font de Mora ha anunciado que no le temblará el pulso a la hora de sancionar a los profesores que boicoteen la asignatura. Me pareció una expresión -"temblar el pulso"- poco afortunada por parte del consejero; recuerda el lenguaje de la dictadura y sus terribles advertencias: "No nos temblará el pulso contra los enemigos del Régimen".

Afortunadamente, hoy ya no hay enemigos del régimen; si algo abunda, son los amigos y la solicitud de los gobernantes por favorecerlos. En este punto, hemos alcanzado una normalidad evidente; que alguien trate de beneficiar a un determinado empresario se acepta como parte de las reglas del juego. En todo caso, los escrupulosos pueden acudir a los tribunales de justicia aunque, como acabamos de ver, con la sentencia del Atrium, la acción de la justicia acabe a menudo en nada. Todo este tejemaneje, lo contempla el ciudadano con resignación, convencido como está de que los listos -es decir, los granujas- siempre tienen razón.

Es en los Ayuntamientos donde las influencias y el trato de favor se producen de un modo más continuo. El Ayuntamiento de Alicante ha dado muestras de su proclividad para gobernar de acuerdo con los intereses de algunas empresas. Es notoria la preocupación de la concejal de Urbanismo, la señora Castedo, por favorecer a los urbanizadores de Benalúa Sur. Aunque si alguien merece una atención especial del Ayuntamiento de Alicante es el constructor Enrique Ortiz. No hay empresa que acometa este hombre a la que el alcalde, Luis Díaz, no preste de inmediato su apoyo. Ha sido en el plan Rabassa donde esta preferencia se ha manifestado de un modo más claro; Díaz ha logrado implicar al propio Consell para que Ortiz edifique sin ser molestado. También el Ayuntamiento de Alcoi se ha significado en los favores a ciertos empresarios. Sus últimas actuaciones -Estambrera, Teatro Principal, hotel de la Font Roja- están concebidas con el exclusivo propósito de beneficiar a los amigos. Como Alcoi está gobernado por los seguidores de Eduardo Zaplana, y el ex consejero Peralta es su hombre fuerte, el hecho añade un interés suplementario al asunto.

 

¿Crisis económica o de modelo?


JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA

 

EL PAÍS  -  Opinión - 02-07-2008

Desde 1995, año en que Internet se socializa y se pone a disposición de todo el mundo, las cosas comenzaron a cambiar en la sociedad de finales del siglo XX. Dichos cambios siguen afectando sustancialmente a los conceptos tradicionales que habíamos venido manejando desde finales del siglo XIX y que nos habían servido para conducirnos por la vida de una forma, más o menos cierta. Internet, a disposición de todos, más la aparición de nuevas tecnologías al alcance de casi todos, han hecho que los conceptos tradicionales hayan cambiado, aunque todavía siga habiendo gente que se aferra a lo anterior sin apreciar que lo anterior ya no vale para hacer frente a los retos que tenemos por delante. Después de lo que está pasando, en este año, con la crisis económica, ¿alguien piensa que las cosas volverán a ser como siempre?; ¿se cree, de verdad, que las dudas que nos asaltan son sólo sobre la fecha en que volveremos a remontar la situación y no sobre la situación en la que estuvimos y ya no volveremos a recuperar?

Internet lo ha alterado todo, y el resto de las nuevas tecnologías también.

Cualquier concepto que examinemos nos ofrece una nueva imagen, radicalmente distinta de la que habíamos formado en el imaginario colectivo, durante muchos siglos. Por ejemplo, la información ha cambiado a lo largo de la historia, yendo del todos para uno, al uno para todos y al todos para todos. El todos para uno se entiende bien cuando rememoramos la imagen de miles de monjes recopilando los saberes de entonces en códices para uso y disfrute del Príncipe que, junto con unos pocos más, sabían descifrar lo que los otros escribían. El uno para todos, queda reflejado en la invención de la imprenta, la radio, la televisión, etcétera, donde un solo ser humano estaba en condiciones de informar a millones. En los momentos actuales, las cosas han cambiado y ya no estamos en el todos para uno, ni en el uno para todos. Es el momento del todos para todos, representado por Internet, donde 6.000 millones de ciudadanos están en condiciones de poder informar a esos 6.000 millones y de recibir información recíprocamente. Las consecuencias de este nuevo concepto de la información han alterado verdades que ya no se sostienen; así, la información (antes en manos de muy pocos) ha dejado de ser poder con las consecuencias que en el ámbito de la política, la economía, la educación, etcétera, conlleva ese cambio. Sólo quienes son capaces de abandonar la sorpresa para abordar esa nueva circunstancia, estarán en condiciones de afrontar con éxito las posibilidades que se abren para todos en esos campos. Por ejemplo, en la educación. Se habla y teoriza mucho sobre el denominado fracaso escolar, apoyándose en informes para analizar ese fracaso utilizando parámetros obsoletos que marginan la nueva realidad. Se sigue evaluando al sistema educativo con parámetros de la sociedad industrial, desconociendo que, desde 1995, hemos entrado en una nueva sociedad que podemos calificar de posindustrial. Los informes manejados evalúan resultados pero evitan entrar en contenidos, instrumentos y actitudes de los sistemas educativos analizados. De todos es sabido que cuando se produce un accidente de aviación, lo primero que hacen los expertos es buscar y analizar la famosa "caja negra" en donde se contiene todas y cada una de las incidencias que han ocurrido hasta el momento mismo del desastre. El análisis del sistema educativo debería emplearse en buscar y analizar la "caja negra" de la educación que no es otra que el aula escolar. En ella encontraremos toda la información que nos permitirá saber las razones del fracaso.

¿Y qué nos dice esa "caja negra"? Lo primero es que la información ya no es la fuente de poder y autoridad del docente; durante siglos, el profesor era el depositario de la información que iba trasladando, año a año, a los alumnos sin más ayuda que los libros de texto, la pizarra y la tiza y algunos pocos medios didácticos que el alumno sólo podía utilizar en el aula. El profesor era el brujo de la tribu, sabía lo que había que saber y lo transmitía de la forma que se podía transmitir. En líneas generales, en el aula se sigue con la misma metodología, despreciando la evidencia de que la información ya no es patrimonio del docente sino que, en grado superlativo, esa información está a disposición del alumno en un aparato que te permite buscar en segundos todo lo que se necesita saber; Internet es un magnífico instrumento que vomita información en tal cantidad que el profesor que lo desprecie o pretenda competir con él, está dando palos de ciego y dejando de ejercer su nuevo rol que consiste en convertirse en un agente organizador, capaz de hacer que el alumno sepa utilizar las redes pertinentes para pescar lo que necesite y para que la información llegue al estudiante en forma de conocimiento.

Mientras nos empeñemos en evitar la nueva realidad, estaremos incidiendo en los mismos errores que se cometieron históricamente, cuando el sistema educativo se empeñaba en atar la mano izquierda a la espalda de aquellos alumnos que tenían que escribir con la mano derecha porque así lo dictaba la norma, cuando ellos eran zurdos. Tardó el sistema en aceptar que el cerebro se organiza de forma distinta para los diestros y los zurdos y que era un atentado a la naturaleza pretender que todos fueran diestros cuando muchos no lo eran. Los alumnos infantiles y adolescentes nacidos después de 1995, fecha en que se socializa Internet, son digitales y sólo digitales; nacieron con las nuevas tecnologías y su mundo no es analógico por mucho que el sistema educativo se empeñe en verles como tales y en anular su digitalización durante la jornada escolar. De nuevo la mano atada a la espalda para que sigan siendo analógicos. Un adolescente de 12 o 13 años pasa 14 horas de cada día siendo digital y seis siendo analógico: digital cuando se encuentra fuera del aula y analógico cuando se sienta en ella. Esa contradicción choca con los intereses del alumno impidiéndole desarrollar sus potencialidades y aburriéndose ante un sistema educativo que no se comporta con las reglas y normas que el adolescente vive en su casa y en la calle. Alumnos que durante la jornada no escolar tienen la oportunidad de asomarse, a través de una pantalla, al resto del mundo globalizado, en el horario escolar se topan con la limitación de una pared blanca adornada con una pizarra que mata su imaginación y su capacidad de asomarse al mundo, además de romperse las muñecas de sus brazos copiando apuntes o subrayando libros de textos que no interesan, por antiguos, a jóvenes y adolescentes que visitan y viven en otro mundo. A nadie puede extrañar que el sistema fracase mientras sigamos empeñados en aplicar modelos educativos alejados del mundo en el que diariamente se desenvuelve el alumno.

El argumento de muchos de que la educación siempre fue así es una falacia que evita la responsabilidad de implicarse en el adiestramiento y uso de tecnologías que el alumno usa con toda normalidad en la calle y de las que se ve privado en el aula. Ni un solo ciudadano aceptaría que su diagnóstico sanitario le dictara usando tecnología antigua, cuando la ciencia ha puesto a disposición del sistema nuevas tecnologías que evitan, cada vez más, el error de apreciación. No existe un solo profesional de la medicina que rehuya el uso de las nuevas tecnologías en su profesión; el médico se siente responsable de la suerte de su paciente y, en consecuencia, todo lo que ayude a un mejor y certero diagnóstico será demandado y usado por el sanitario, independientemente de que las cosas se hicieran antes de otra manera o de que en los tiempos en que estudió medicina esas tecnologías no existieran. Por el contrario, estamos dispuestos a seguir aceptando la vieja pedagogía que desprecia lo nuevo, tratando de ocultar la pereza que subyace en el argumento de que siempre fue así y así tiene que ser.


Pluja fina, tempesta roja (i 'gualda')

David González

Subdirector AVUI

A la tres

 

 

De l’explosió patrioticofestiva que ha seguit a la victòria d’Espanya a l’Eurocopa el catalanisme n’ha sortit amb cara de tonto. Resulta que la pilota va entrar i, com feien saber des de TVE, “per tot Espanya, de nord a sud i d’est a oest”, es va desfermar la tempesta roja (i gualda). Només faltava el “Visca Espanya” de Xavi a la Plaza de Colón –aquella on Aznar va plantar la gran bandera– perquè per fi Espanya s’hagi pogut celebrar com l’Espanya una, guai i lliure, que és el que ara es porta. Amb el gol de Torres, progres de tota la vida han sortit de l’armari nacional per abraçar-se als colors patris, els mateixos que Franco va fer besar a molts dels seus avis abans d’afusellar-los (ai la memòria històrica!). I a Catalunya, i no només per esportivitat, o pel paper decisiu d’alguns dels jugadors més solvents de Can Barça, també han sortit de l’armari milers de ciutadans que s’han sumat a la nova fiesta nacional.

Milers de catalans han celebrat la victòria de “la seva” i al catalanisme se li ha posat cara de tonto perquè Espanya existeix, sí. Aquí també. I mentre el catalanisme estava amb la pluja fina, esclatava la tempesta roja. I mentre el catalanisme intentava un cop més arreglar Espanya, ella se les componia sola. I mentre el catalanisme arrufava el nas amb les seleccions pròpies, ells tombaven la d’Alemanya. I mentre el catalanisme discutia si l’Onze de Setembre pren el sol o es reivindica, o si posa o treu banderes a les conselleries, els avions del seu exèrcit tintaven el cel amb dos colors.

I mentre el catalanisme no sap ben bé què fer amb l’últim manifiesto sobre la persecució del castellà, aquí hi ha ciutadans amb un Estat i un aparell mediàtic que protegeix i fomenta els seus sentiments nacionals, la seva llengua i els seus símbols, i uns altres que han d’aplaudir-los o amagar al fons de l’armari uns altres sentiments, una altra llengua i uns altres símbols, tot i que siguin els de casa seva. Victòries. I derrotes.



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